Historias sobre violencia y discriminación hacia la mujer

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ELLAx es una iniciativa de Global Shapers Guatemala City que nace para empoderar y visibilizar durante junio a mujeres que han sido víctimas de violencia y/o discriminación

En Historias Abiertas recopilamos 5 historias que reflejan la violencia y discriminación que sufren varias mujeres en Guatemala.


Mi esposo me violó

La relación iba bien. Él me trataba con respeto, aunque sus celos siempre eran un problema común en nuestra relación. Sin embargo, yo no le hacía caso, pensaba que él solo me celaba porque me quería mucho.

Mi esposó comenzó a tomarme a la fuerza cuando estaba tomado. Pero, con el paso del tiempo, ya no lo hacía solo cuando estaba bajo efectos del alcohol, también cuando él quería. Sin darme cuenta, me había convertido en su juguete sexual. 

Un día me hice de carácter y le dije que no me quería acostar con él, fue allí la primera vez que intentó matarme a golpes, desde entonces, el miedo invadió mi mente y prefería dejarme, porque era lo único que me quedaba.

Decidí denunciarlo por los golpes que me había dado. Al hacer mi denuncia, me comenzaron a hacer varias preguntas y al finalizarlas, me dijeron que estaba siendo víctima de violación.

Al inicio no podía creerlo, porque él era mi esposo, pero me explicaron que muchas personas no denuncian que están siendo víctimas de una violación, por la misma ignorancia. En el pueblo en el que yo vivo aún hay mucha desinformación sobre el tema.

Pasan los años y las consecuencias siguen. Para mí, lo más difícil ha sido recuperar la confianza en la sociedad y en los hombres. Ahora, cuando me encuentro con alguien del sexo opuesto, me siento sucia, me pongo histérica y siento que me va a golpear. 

-Anónimo


Gritos y una relación abusiva

En algún momento de la relación, la confianza entre mi pareja y yo se vio amenazada por mentiras tontas . Todo esto, causó que existiera desconfianza y que la misma fuera el motivo de muchas peleas.

Vivir así fue muy difícil. Nos revisábamos las redes sociales, yo vivía en una paranoía constante sobre la posibilidad de que podía engañarme, terminábamos y regresábamos y, aunque nunca nos pegamos, nos gritábamos cosas muy hirientes.

Tuvimos que hacer cambios. Ya no hay gritos y ya no sabemos nuestras contraseñas de redes sociales Prometimos nunca más abusarnos de esta forma. Requirió mucha atención de ambos reconocer las actitudes abusivas que teníamos.

-Violeta


Una mujer no puede ser presidenta

Me encontraba en mi último año de bachillerato y decidí postularme para presidenta de mi colegio. Estaba emocionada por ser la única mujer candidata y fue esa emoción la que me llevó a hacer posters, volantes y mantas sobre mi partido político.

Busqué los mejores lugares para colocar mi propaganda y pensé que la cafetería sería el lugar ideal. Allí trabajan más de 5 señoras de etnia indígena con las que me llevaba muy bien y a quienes quiero mucho. En ese momento, creí que ellas iban a estar emocionadas con mi postulación y hasta creí que me iban a apoyar, sin embargo, estaba muy equivocada.

Cuando les conté sobre mi participación me dijeron que no podía colocar nada en la cafetería. Les pregunté cuál era la razón y me dijeron que en Guatemala una mujer no puede tener cargos de poder, mucho menos ser presidenta. 

¡Me quedé sorprendida! A pesar de que dialogué con ellas y las intenté hacer entrar en razón, me di cuenta que estaban segadas por la cultura machista con la que habían crecido. 

-Anónimo


¡Golpes y más golpes!

Nuestra relación comenzó como muchas otras: demasiado amor, detalles, palabras bonitas y mucha atracción. Al cumplir los seis meses de noviazgo quedé embarazada y decidimos vivir juntos.

Cuando comenzó nuestra vida en una misma casa él se volvió otra persona. Yo aún estaba estudiando bachillerato y eso significaba que tenía varios amigos y amigas; a él no le gustaba que yo hiciera trabajos en grupo y menos que saliera por las tardes.

Cada vez él era más celoso y los insultos comenzaron; me decía que yo estaba con otra persona, que el hijo tal vez no era de él y que yo era una “ofrecida”. Aunque me sentía mal, me acostumbre a esos insultos.

Después del nacimiento de nuestro hijo él comenzó a tomar mucho. Con mi hijo era muy bueno pero a mí me trataba peor, me daba golpes y mi jalaba el pelo si no hacía lo que él me pedía.

Un día decidí dejarlo y me fui a la casa de mi mamá, ¡todo comenzó a empeorar! Después de varios mensajes y llamadas intimidantes, él llegó a la casa y comenzó a tocar muy fuerte. Luego de una hora insistiendo, mi mamá lo dejó entrar y fue allí en donde me amenazó con un arma; me asusté y me fui con él. 

Al otro día salí escondida a poner mi denuncia y al fin sentí un poco de paz, sin embargo, aún hay varios tramites por delante, esto aún no termina.

-Anónimo


Ser jefe, al parecer, es solo para hombres

Trabajé más de 10 años en una empresa de renombre en Centroamérica. Siempre me esforcé por dar lo mejor de mí, siempre teniendo en mente llegar a uno de los mejores puestos de la oficina. Siempre me premiaron por mi eficiencia y por lo bien que hacia las cosas.

Lastimosamente, cuando mi jefe dejó su puesto y llegó el día de elegir a quien lo remplazará no me eligieron a mí. No entendía el porqué, tenía todo, la experiencia, la eficiencia TODO. La persona a la que seleccionaron fue a un compañero que llevaba solo un año y tenía 25 años, sin ninguna experiencia. Realmente me sentía devastada.

Le pregunté a la jefa de recursos humanos cuales habían sido los parámetros; y ella me dijo que había sido porque el dueño de la empresa dejó en claro que ese era un puesto para hombres. Aunque yo fuera la mejor financiera del mundo, nunca iba a tener ese puesto porque yo no tenía la capacidad emocional para dirigir a más de 15 personas.

Diseños por Sofía Castillo. Encuentra más de su trabajo en sus redes sociales. 


Agradecemos a todas las mujeres que nos contaron sus historias de lucha. Si deseas contar la tuya, puedes escribirnos al correo tengounahistoriaabierta@gmail.com o llega el siguiente formulario o da click aquí. 

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