3 historias que hablan de amor

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Febrero es un mes que muchos aman y que otros odian por tener un día que recuerda lo importante del amor para la humanidad. Esta semana queremos compartir una publicación especial. Les presentamos tres historias que nos recuerdan cómo no hay recetas en las relaciones y cómo el amor se manifiesta de muchas formas.


Amor de lejos es amor de…

Conocí a mi novio, ahora prometido, en Antigua, Guatemala.  Aunque no tenía muchas ganas de salir después del trabajo, una amiga me convenció y, al estar en el lugar, vi a un chico que me llamó la atención. Él y sus dos amigos fueron a hablarnos y allí él me contó que era su última noche en Guatemala y que luego regresaría a Estados Unidos, su país de origen.

Estaba segura de que solo sería una persona más a la que uno ve una vez en la vida, sin embargo, ese solo fue el inicio. A los pocos días de conocerlo recibí una llamada de un número del extranjero, pensé que se trataba del trabajo pero, ¡era él!

Desde ese día comenzamos a hablar todos los días por las noches y unos meses después nos vimos en Estados Unidos. Luego él viajo a Guatemala y así comenzamos una relación en la que ambos nos sentíamos muy cómodos. Conocimos a la familia del otro y a nuestros círculos cercanos, aunque muchos no creían que nuestra relación iba en serio.

A pesar de la distancia, de nuestras culturas y  de muchas otras cosas que nos podrían haber separado, hubo algo que nos unió, que nos hizo cazar como dos piezas de rompecabezas y creo que fue nuestra visión del futuro y nuestras metas.

Como toda relación, tenemos momentos buenos y otros no tanto. Estando a distancia hemos tenido que buscar la forma de hacer que nuestra relación funcione y siga madurando. Hemos peleado, llorado, hablado, reído y, sobre todo, nos hemos amado cara a cara pero, también, a través vez de una pantalla.

Aún en nuestros momentos más difíciles, en esos momentos donde te cuestionas si vale la pena, el amor no cambia, no nos amamos menos, no nos cambia nuestra perspectiva juntos; lo que cambia es la forma en la que afrontamos la siguiente prueba.

Nunca creí en el amor a distancia, pero Dios sabe mejor que yo y ahora sé que el amor de lejos  es un amor de… dedicación, paciencia, humildad, perseverancia, comunicación, constancia, intención, esfuerzo, sacrificio, honestidad, madurez y confianza. Es un amor racional, una relación en donde amas por decisión.

(Ana Lucía Ramírez)


¡Mi perfecto amor!

Cuando uno se entera que será mamá el sentimiento de amor es completamente diferente,  ¿cómo lo descubrí?

Jamás olvidaré el día que mi hija nació; escuchar su llanto, sentir que la tenía cerca y decirle que su mami estaba allí me causa un sentimiento inexplicable. 

Debido a que nació prematura, tuvo que ingresar al intensivo y ese amor se triplicó. Mi odisea como mamá tuvo muchísimos momentos y experiencias durante esos días, pero la más más especial fue haber sido mamá canguro.  Esperar con ansias la hora para poder entrar y  tenerla en mi pecho, abrazarla y sentir su calor no tenía precio.

Recuerdo el primer día que volvimos a casa, no cabíamos de la emoción junto con mi esposo. Sin duda, ha sido la mejor experiencia de vida y la mejor bendición que Dios nos ha dado. Nuestra hija es simplemente perfecta,  la amamos y nos tiene locos de amor. Sus palabras, sus expresiones, sus muestras de cariño, ¡todo es perfecto! Simplemente es un perfecto amor.

(Gabriela Matus)


Dejé un amor de 10 años por el amor propio

Mi ex novio y yo comenzamos a estar juntos cuando yo tenía 17. Yo vivía en aquel país de donde él era, y durante cinco años intermitentes, nuestra relación fue a distancia. Y en algunos de los otros cinco años, vivimos juntos al conseguir como equipo, una beca y vida conjunta. Fue allí que supimos que nuestra relación igualaba lo tóxico.

Con los años teníamos más peleas, conflictos, celos, inseguridades y reconres. Ahora veo atrás y me doy cuenta que pocas veces encontrábamos un balance que nos llevara a estar bien, y así lo acarreamos por 10 años de relación, donde el inicio, medio, y fin de la relación podrían ser historias separadas. Juntos experimentamos nuestro primer amor, y quizás nos dejamos llevar por una ideal con una base frágil.

Muchas veces me sentía más feliz de estar sola – lejos de él- explorando nuevos lugares, aprendiendo, teniendo nuevas amistades, donde era libre de ser yo. Como fue durante mi maestría ahora hace una década. De esos momentos, esos son los que rescato, esa felicidad. Pero, caíamos los dos de vuelta. Y yo allí seguía. Peor aún, allí seguía cuando la relación se tornó violenta y las agresiones superaban los puramente verbal.

Al fin, luego de destapar sus encubrimientos con otras mujeres, convivir bajo nuestro (su) techo y una mezcla entre temor, tristeza, luto, y en cierto punto paz y terapia interior, me fui de él, de su país del que tanto quería, y de lo que nos hacía falta: el coraje para decir adiós cuando ya todos los límites fueron ultrapasados.

Mientras estaba allá, en el último tramo, encontré un grupo de personas que me valoró y me recibió con mucho amor. Y me identifiqué mucho con el libro Wild. Me dio la fuerza que necesitaba e impulso para pensar más allá de lograr lo que me hiciera latir el corazón – que no era una relación de pareja – sino que mi vocación como persona y profesional.

Aprendí que hay que dejarse el espacio para cometer “errores” ante los ojos de alguien más, pero que no dure tanto ni a tan extremo. También, las mamás y los papás son muy sabios. No me arrepiento de haber tomado las decisiones que tomé. Hoy entre los dos impera el perdón mutuo. Y en mi, darme mi lugar, mi tiempo, y con todo eso me formó la fortaleza de quien soy hoy, pero también afrontar la vulnerabilidad y compartirla, para avanzar juntas y juntos.

(Bibi la Luz)


En el mes del amor y la amistad, en Historias Abiertas nos sentimos felices de compartir nuestra edición especial. Agradecemos a todas las personas que confiaron en nosotras para escribir sus historias de amor y compartirlas con nuestros lectores. ¡Qué el amor cambie al mundo!

Fotografía de portada tomada del nytimes.com

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