Allan J. Hall: mi vida después de vivir el Holocausto

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Desde que tenía 4 años sentía un fuerte deseo de vivir. Mis padres solían decirme que, de no haber sido por mí, ellos se habrían suicidado durante el holocausto.  Recuerdo que hubo varios momentos en los que les dije: “Mamá, papá, no quiero morir”. Y ellos dijeron que eso fue como un latigazo en sus espaldas, ya que ellos tenían que seguir sufriendo porque tenían que protegerme.

Durante la Segunda Guerra Mundial, con mis padres pasamos escondiéndonos  en áticos, sótanos y en un armario, y por dos años, viví en el mismo edificio en el que se encontraban las oficinas de la Fuerza Aérea Nazi. Mi padre manejaba esa oficina y allí nos escondía a mi madre y a mí.

Mientras vivíamos en el clóset, comíamos papas y agua con azúcar. Mi hermano nació allí, pesando dos libras y debíamos alimentarlo con agua azucarada cada media hora.  Vivimos escondidos hasta el final de la guerra y luego migramos a los Estados Unidos.  Aunque logré sobrevivir, perdí a mucha familia en los campos de concentración.

A pesar de todo, nunca se me ha ocurrido rendirme y por eso sigo acá, impartiendo charlas sobre mi paso por el holocausto, intentando dejar una semilla en las personas que me escuchan para que evitar que participen en cosas terribles, cosas que humanos le hacen a otros humanos.

No se olvida una tragedia, se vive con ella

El proceso después de vivir el holocausto no ha sido nada fácil ya que sufro del síndrome del sobreviviente. Pienso mucho en los rostros de los otros niños que sé que no sobrevivieron y que aún veo, a pesar de que ha pasado tanto tiempo. Pienso en todos aquellos que no tuvieron la misma suerte que yo.

Muchos aspectos de mi vida no son muy agradables, pero es importante balancearla intentando ayudar a los demás. Eso es lo que hago y es lo único que realmente sé hacer. Profesionalmente, he dejado atrás la arquitectura, el derecho, la ingeniería, un desarrollador y ahora soy un profesional que ayuda a los demás.

No ha sido fácil luchar contra el odio. Hasta hoy, no es fácil pararme frente a un público y contar mi historia. No es fácil escuchar a personas decir que el holocausto no fue real y no es fácil preguntarme “¿por qué te tomas la molestia?”. Sin embargo, estoy completamente convencido de que tengo que hacer lo que hago, aunque me duela. 

Al hacer esto, protejo a mis hijos, a mis nietos, a tus hijos y a tus nietos, porque todos estamos conectados. Muchas veces me he quebrado frente a una audiencia contando mi historia, pero si este es el precio para un mundo mejor, estoy dispuesto a pagarlo.

Mi esposa, una parte fundamental de mi historia

Desde que conocí a mi esposa me impresionó mucho su inteligencia y su honestidad. Es, probablemente, una de las personas más honorables que conozco.  Ella es psicóloga y no sé cómo funcionan las psicólogas, pero puedo decir que ella me ayuda a reconstruirme día a día.

Es reconfortante saber que, a veces, cuando tengo pesadillas, ella está a mi lado; ha sido y es una parte muy importante de mi vida”.

Debo admitir que muchos psicólogos me han ayudado y no me avergüenza decir que cada vez que caigo en  depresión busco ayuda, al contrario, creo que todos deberíamos ir al psicólogo. Afortunadamente, mi esposa me ha acompañado en todo este camino. 

¿Hitler sigue presente en este siglo?

Aunque no solo es él,  sé que Hitler sigue siendo una amenaza a pesar de haber muerto hace aproximadamente 75 años. Para mí sigue siendo un peligro afuera de su tumba con todos los mensajes que dejó.

Si todos esos mensajes hubiesen muerto con él, yo no estaría preocupado, pero hay tantos pequeños Hitlers alrededor del mundo que se reflejan en genocidios en distintos países. Tenemos el caso de Ruanda, en donde sabemos que 800,000 personas murieron en 90 días. El caso de Camboya, en donde estaban determinados a matar a todos aquellos que habían tenido educación. Está en los Estados Unidos, está en Guatemala, están en todos lados con su odio.

Para mí, el componente principal del odio es gente que no se quiere lo suficiente, que no están conformes con su vida y que, en lugar de admitir que tienen que arreglar sus vidas, encuentran una solución sencilla en odiar a otras personas”.

A las personas que atraviesan un holocausto en sus vidas…

A todas aquellas personas que atraviesan momentos duros, les digo que no se rindan, ¡no renuncien! Las cosas van a salir bien, no dejen que los malos ganen. Con mis padres creíamos que una forma de vencer a Hitler era sobreviviendo y así lo hicimos.

Los humanos, a lo largo de la historia, hemos sobrevivido incontables tragedias. Los que siguen y continúan en la lucha lo logran. Por eso, seguir luchando es una forma de vencer los males de este mundo y yo los invito a continuar en esta lucha.


Allan J. Hall, siendo un niño, sobrevivió el holocausto en Polonia, en 1939, gracias a su deseo por vivir y a sus padres.  Ahora se dedica a compartir su historia y a dar conferencias sobre los horrores y los peligros del odio.

Esta entrevista fue posible gracias al Instituto Fe y Libertad, un tanque de pensamiento que se caracteriza por su énfasis en la intersección entre religión y libertad; libertad para impulsar el florecimiento humano guiados por la verdad.

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