Amor anónimo

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Febrero es un mes que muchos aman y que otros odian por tener un día que recuerda lo importante del amor para la humanidad. Esta semana queremos compartir una publicación especial. Les presentamos tres historias anónimas que nos recuerdan cómo no hay recetas en las relaciones y cómo el amor se manifiesta de muchas formas.

¡Ocho años de amor y vamos por 80 más!

“Ocho años juntos, ¿qué?, ¿ocho?, ¡demasiado!”, dicen todos. “¿Cuándo se van a casar?, ¿cómo aguantan?”, si me dieran un quetzal por cada expresión de asombro y susto cuando decimos cuántos años llevamos juntos, ¡seria millonaria!

Sin embargo, lo que nadie nunca pregunta es: ¿son felices?, ¿qué hacen para amarse así? o ¿cómo funciona su amor? Ante todo eso,  aquí comparto un resumen de qué es llevar “tanto tiempo” con alguien.

Estar ocho años con una persona es amor, tolerancia, risas, momentos, enojos, aprendizaje, tropiezos, fotografías, experiencias, etapas, entre muchas cosas más.”

Hemos vivido todas las etapas de la juventud juntos, desde entrar a la universidad y apoyarnos en días de desvelo haciendo tareas, hasta viajar por el mundo solos y llenar un cuaderno de anécdotas en cada país.

Cada año aprendemos algo nuevo del otro y eso nos hace amarnos más. El amor se fortalece y los retos los superamos juntos poniendo en la balanza lo bueno antes que lo malo. Hacemos planes, nos enamoramos cada día y nos hemos vuelto inseparables.

El amor que nos tenemos es lo que nos hace querer seguir y dar el siguiente paso, así que este año decidimos ahorrar para poder cumplir nuestro sueño de casarnos y vivir felices otros ochenta años juntos.

(Anónimo)


Un amor con lirios y copas de vino

No quería que nadie se enterara que salía con alguien que me llevaba más de 10 años y que era divorciado. Yo sabía que estaba mal, yo misma me preguntaba constantemente “¿qué estaba haciendo?”. Pero todo lo que sabía y había visto de relaciones con hombres de más edad, no nos estaba pasando. Esas relaciones eran construidas bajo intereses muy claros y la nuestra desplomó todos los muros que habíamos construido con el tiempo.

Él mostró su lado bondadoso, me preparaba mis cenas al salir del trabajo y comenzó a hacer sus planes tomándome en cuenta. Yo dejé de ser fría, le conté de mis miedos y lo necesitaba para tomar grandes decisiones.

Era nuestro mundo, adornado con lirios y siempre acompañados de un buen vino. Sin embargo, ninguno de los dos quería aceptar que nos habíamos enamorado profundamente.”

Una noche no soportó la presión de entender sus sentimientos; porque comenzó a amarme con locura, pero pensaba que no podíamos estar juntos. Así que me dijo que me dejaba para encontrar a alguien para enamorarse. Me destruyó el corazón, pero lo comprendí perfectamente. Esa noche le escribí que lo quería y que lamentaba mucho que las cosas terminaran así. Le agradecí por todo y me fui a dormir.

Al día siguiente lo encontré sentado en un sillón, esperándome para hablar, para evitar perdernos y para darnos una oportunidad. Me dio un beso y me contó que se había enamorado. Le conté lo mismo y lo abracé. Esa noche nos hicimos novios y comenzó aquella historia que, yendo en contra de toda predicción, marcaría nuestra vida.

(Anónimo)


Rogar es de enamorados…

Siempre pensé que rogar era la clave para no debilitar el frenesí que se desenvuelve con todas las formas de amor o ilusión hacia otra persona; ya sea en una relación formal, un ‘casialgo’ o una atracción sexual.

Era adicta a sentirme miserable, porque solo así me aseguraba que estaba expresando el amor más puro e incondicional. Y las reacciones de mis parejas o ‘casialgos’ alimentaban mi necedad inquebrantable de implorar cariño y atención.

-“¡Déjame en paz!”, me gritó Ricardo a través de la puerta principal de su casa, resguardándose del caos.

-“Estás loca mujer, pero me gusta acostarme contigo. Por esto es que quiero mantener lo nuestro en secreto”, me susurraba Carlos al oído mientras acariciaba mi pelo.

-“¡Me estás avergonzando!”, me reprochó Pablo por arrodillarme ante él.

Rogué para que no me dejaran, para que me aceptaran de nuevo, para que se acostaran conmigo…rogué hasta para una cita. Rogué para sobrellevar inconscientemente las consecuencias: ataques de pánico, agresión verbal y psicológica a personas que no lo merecían y sobretodo a desconocerme por completo.

Parece un poco drástico y dramático, pero es la verdad. Sin embargo, el ruego desesperado que viví con cada una de esas personas fue necesario para llegar a una conclusión reveladora: rogar es de enamorados…

Que solo anhelan una ilusión efímera.

Que no abrazan la vulnerabilidad, porque sus demonios ya los sofocan.

Que ignoran la reciprocidad, porque el peso de sus caprichos es insoportable.

Rogar es de enamorados que no quieren amar.”

Y yo fui una enamorada que no amó. Ni a nadie, ni a mí misma. Darme cuenta de esto ha sido la peor y más importante decepción que he vivido. Y desde entonces, me di la oportunidad de reconocerme como una mujer inigualable, cargada de defectos que me retan a mejorar, llena de luz para compartir y peculiaridades que explorar. Convertí el rogar por sanar; porque antes de enamorada, soy humana.

(Anónimo)


En el mes del amor y la amistad, en Historias Abiertas nos sentimos felices de compartir nuestra edición especial. Agradecemos a todas las personas que confiaron en nosotras para escribir sus historias de amor y compartirlas con nuestros lectores. ¡Qué el amor cambie al mundo!

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