Aprendí a vivir con diabetes y espondilitis

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A lo largo de mi vida he afrontado diversos retos que me han enseñado muchas cosas. Desde muy pequeña tuve diabetes y años después tuve que aprender a vivir con espondilitis. Sin embargo, vivir con ellas me ha permitido acercarme y ayudar a personas con casos similares.

¿Diabetes a los 8 años?

Cuando tenía ocho años comencé a bajar de peso, me sentía cansada, tenía sed todo el tiempo e iba al baño constantemente. Cuando fui al doctor me diagnosticaron diabetes tipo uno y tuve que pasar hospitalizada por un mes mientras me estabilizaban.

Para mis padres fue una situación difícil y considero que en ese momento de mi vida los doctores me hicieron más mal que bien, porque existía una gran cultura de miedo sobre la diabetes; y, como aún era pequeña, no entendía qué me estaba pasando. Tuve que hacerme cargo de mí y aprendí a tener varias responsabilidades. Aprendí a medirme, inyectarme y a tomar mis medicamentos a una edad muy temprana.

Elisa a los ocho años cuando fue diagnosticada con diabetes.

Sin embargo, conforme pasaban los años, desaprendí muchas cosas, comprendí que se puede vivir con diabetes y que si era disciplinada iba a estar bien.

¡Ayuda!

Elisa con una de sus educadoras en diabetes.

Con el tiempo, pasé de ser una niña responasble a querer escapar de todo. Como muchos adolescentes irresponsables, me desentendí lo más posible de mi enfermedad. Sin embargo, al pasar los años tomé consciencia de todo lo que significaba y decidí buscar ayuda.

Comencé a ir con una educadora en diabetes, quien me enseñó a cómo hablarme y cómo entender mi enfermedad. Aprendí a reprogramar mi cerebro para tener una relación positiva conmigo misma y con la diabetes. En Guatemala un educador en diabetes es una figura que a penas existe y que  la mayoría de personas y doctores ni siquiera entienden de su importancia y necesidad, pero a mí prácticamente me salvó.

Mis recuerdos más positivos durante la niñez son con mi educadora en diabetes. Ella fue quien encaminó y me enseñó a llevar mi enfermedad”.

La espondilitis llegó

Aprendí a vivir con la diabetes y seguí con mi vida. Hasta que un día, decidimos irnos de viaje con mi esposo y comencé a sentir dolor en la espalda. Fui con varios doctores y nadie me decía exactamente qué me estaba pasando; la mayoría de ellos opinaba que era una inflamación crónica, pero nadie sabía a qué  se debía.

Cuando llegó mi luna de miel no podía pararme de la cama. Llevaba varios días con dolor y no sabía qué hacer. Al regresar decidí renunciar a mi trabajo porque no sabía qué me estaba pasando y tampoco cómo solucionarlo.

Incluso en enero de 2019 fui a Estados Unidos a ver a mi endocrinólogo y me dijo que no era un problema endocrino, sino que él creía que podía ser un problema reumatológico. Me puse a llorar de frustración.

En ese mismo viaje fui con un especialista en columna y me hicieron exámenes; cuando llegué con el reumatólogo se los llevé.

Él vio mis exámenes, me preguntó mi edad, mis síntomas y me dijo: tú tienes espondilitis”.

Comencé con el tratamiento y, aunque por un momento  me sentí mejor, las medicinas me estaban dañando otras partes del cuerpo. Así que tuve que dejar varias de ellas y quedarme con las consecuencias de tomar antiinflamatorios diariamente.

Mi manera de sentirme bien: ayudar a los demás

Soy consciente de la importancia que tuvo mi educador en diabetes, por eso, decidí comenzar a hacer lo que él hizo conmigo: encaminar a más personas y enseñarles a cómo llevar su enfermedad.

Aunque no es algo de lo que pueda vivir económicamente, al final del día, saber que estoy haciendo algo positivo y que estoy dando lo que a mí se me dio, me genera una sensación de paz. He podido ser testigo de cómo la vida de varias personas ha cambiado gracias a ello.

Mi mensaje: aceptar, continuar y ayudar

Pasé de una enfermedad que constantemente ataca mi vida a dos, y ya no fue solo mi salud la que se sintió comprometida sino mi calidad de vida. Sin embargo, gracias al libro When Bad Things Happen to Good People” aprendí a encontrar fuerzas en mi vida espiritual.

No sé porque me dieron esas enfermedades, pero lo que sí sé es que tengo al mejor aliado de mi parte, al que me puede acompañar a través de mi proceso y a quien puedo pedirle fuerzas cuando ya no me alcanzan a mí. Dios me ayuda a afrontar todo.

Sabía que lo que necesitaba era salud y, ¿qué mejor que poder tener un recordatorio de cuidado propio a través de ayudar a otras personas a cuidarse? Aprendí que si yo estoy consciente y pendiente de que los demás se cuiden esto me va a hacer consciente  y pendiente de mi propia salud.

Creé una página y es realmente gratificante encontrar una comunidad que me ha hecho colaborar con personas con diabetes. Me llena de felicidad cuando una mamá  de algún niño u otras personas me agradecen y me dice que se volvieron consciente de que pueden tener una buena vida.

Las enfermedades crónica y autoinmunes son un proceso. No se aceptan de la noche a la mañana, todo es cuestión de resistencia y persistencia. Por eso debemos estar satisfechos con hacer nuestro mejor esfuerzo el día de hoy… lo que sea signifique eso para cada quien. No demos ninguna de las pequeñas cosas por sentado. 


Elisa Stalh tuvo que aprender a vivir con diabetes desde muy pequeña; luego tuvo que enfrentarse a la espondilitis. Su misión en ayudar a personas con diabetes y guiarlos para que puedan aceptar y manejar su enfermedad.Si deseas conocer más de Elisa y su página puedes dar clic aquí.

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