Chapina en Madrid

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Siempre tuve el sueño de estudiar en el exterior, aunque mis papas no compartían esa idea, ellos creían que lo mejor era que yo terminara de estudiar mi carrera en Guatemala. Conforme fui creciendo, me di cuenta de que tenían razón, porque uno va adquiriendo cierta madurez.

Terminé la universidad y me gradué como ingeniera industrial, comencé a trabajar e inicié mi vida como deportista, ahí pude reforzar mi disciplina y persistencia; me ayudó a destacar muchos valores. Sin embargo, en el 2015 me dio hepatitis A. Hasta el momento no sé con qué me enfermé, pero la única cura era hacer reposo, y para mi fue muy difícil porque estaba acostumbrada a hacer muchas cosas durante el día. Yo siempre he sido muy exigente conmigo misma, siempre me gustó dar el cien por ciento y creo que ya estaba excediendo esa parte, entonces comencé a cuestionarme sobre lo que quería: ¿Qué estaba haciendo? ¿A dónde iba?

Mientras estaba en cama, comencé a analizar mi vida, estaba frustrada y creo que toqué fondo. No sabía realmente lo que quería y comencé a tener una crisis existencial porque llegué a dudar mucho de lo que estaba haciendo. Después de cuestionarme sobre quién era yo y lo que había logrado, comencé a valorar muchas cosas, una de ellas fue el tiempo y la importancia que tiene saber aprovecharlo.

Creo que una de las cosas que más llegué a valorar fue el estar viva, sana y bien. A veces se nos olvida lo afortunados que somos de estar completos y con vida, y olvidamos que existen personas que no tienen piernas, que no pueden hablar o que no pueden ver, y llegar a pensar todas estas cosas me hicieron reflexionar sobre la gratitud de una manera muy profunda.

Analicé lo que quería hacer y me di cuenta de que quería seguir estudiando y que siempre tuve el sueño de hacerlo en el extranjero. Me puse un límite de tiempo, y comencé a gestionar mi admisión en la universidad, después me enteré de que había sido aceptada y me fui a Madrid.

Yo me siento super guatemalteca y es lo que más he aprendido: la identidad se lleva muy adentro.

Cuando comencé la maestría sentía como si hubiera llegado a otro universo, porque a veces estar en una sociedad te condiciona, y yo estaba en una completamente diferente. Durante el tiempo que estuve estudiando conocí a muchas personas y puedo decir con seguridad que aprendí más de la vida, que de la maestría.

Al terminar el curso tenía muchas dudas sobre lo que quería hacer, todos mis compañeros ya tenían un plan, entonces opté por hacer prácticas y mandar mi currículum a varias empresas. Nadie me conocía y eso era una gran dificultad para mi, me hacía pensar que tal vez ese no era el lugar adecuado en donde debía estar, y de nuevo una pequeña crisis existencial surgió.

Al final encontré trabajo a una hora de donde yo vivía, tenía que levantarme temprano para viajar y era muy cansado, pero todo este proceso me hizo reflexionar sobre lo afortunada que soy por mi educación, preparación y recursos, y me hizo pensar en todas esas personas que salen de Guatemala por necesidad, una necesidad que los obliga a ir a buscar otras oportunidades al exterior. No imagino lo difícil que les resulta a todas aquellas personas que no tiene preparación y aún así buscan trabajo, porque aún para una persona profesional, con diplomas y maestrías es difícil encontrar.

Vivir en el exterior te hace ver a Guatemala bajo otra perspectiva

Luego conseguí otra trabajo en donde actualmente me encuentro y no hay día que no me pregunte si en realidad quiero estar aquí, porque es difícil estar lejos de tu familia y de tus amigos y porque a veces la soledad es traicionera y te hace actuar de formas que no debiera ser.

Si el próximo año me toca regresar a Guatemala por cuestiones de mi convenio, me voy contenta porque sé que di lo mejor de mi, pero hay cosas que no están dentro de mis manos y que son temas legales, al final me queda esa satisfacción del trabajo que hice y que representé de una manera digna a mi país.

Después de todo, estoy feliz con la oportunidad que se me presentó, porque hice lo posible para conseguirla y comprendí que cuando las cosas deben ser, cuando uno verdaderamente actúa buscando lo que quiere ser y donde quiere estar, las cosas se dan; todas estas experiencias me hicieron comprender que en la vida uno no puede quedarse a esperar que las cosas pasen.

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