Dos mitades no siempre hacen uno

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Soy hijo de una mezcla cultural. Mi madre es guatemalteca y mi padre es italiano, cada uno tiene su percepción del mundo, su cultura e historias distintas que coincidieron y se entrelazaron.

Mis viajes iniciaron desde que me encontraba en el vientre de mi madre y fueron aumentando durante mi infancia con las historias de mis padres, ya que ambos escriben; ella poesía, y él cuentos cortos. Luego iniciaron mis propios viajes, un vaivén entre el nuevo y viejo continente, un aprender constante de ambas culturas y así mismo el dolor que conlleva el ser distinto.

A pesar de ser italo-guatemalteco, nunca me he sentido totalmente parte de estas culturas. No importa en qué meridiano te encuentres, si eres distinto te sientes marginado. Es irónico debido a que Italia está compuesta por varias culturas que se integraron en la península desde la llegada de los griegos y Guatemala es una tierra que desde antes de la llegada de los españoles, se componía de varias etnias que se mantienen aún hoy en día.

 Actualmente el mundo en el que vivimos trata de dividirnos, ha reforzado la imagen del diferente y  se teme al migrante. Nos olvidamos que todos venimos de varios orígenes y que somos partes de muchos lados, no solo desde el aspecto genético o geográfico, sino desde las experiencias”.

Mi familia y grupo de amigos, por ejemplo, está compuesto de personas que viven en todo el mundo, descendientes europeos, asiáticos, africanos, americanos, y es allí en donde me doy cuenta que las fronteras están cayendo. En 28 años, he tenido la oportunidad de ver 4 continentes, varios países y culturas y  he podido conocer personas de todo el mundo, cada uno con su historia y sus vivencias, y quiero compartir un poco sobre ello.

Londres

Mi primer viaje fue con un amigo a Londres, teníamos 18 años y nos embarcamos en una aventura en una de las mas grandes e importantes metrópolis del mundo. Allí vive mi hermana, quien nos explicó lo básico de la ciudad, descubrirla fue nuestra tarea. Nos adentramos en vías y plazas increíbles, entramos a museos e iglesias, pero lo que más me impactó fue Camden Town.

Mi vida en Guatemala

Años después, en Guatemala, mi grupo se integraba de guatemaltecos, descendientes de españoles, holandeses, chinos, palestinos, salvadoreños, alemanes e italianos; y formábamos una diversidad que le daba a nuestro grupo una particularidad única, personas que por uno u otro motivo se encontraron en el país de la eterna primavera.

Amamos Guatemala y la odiamos por muchas razones, aún así, nos lanzamos a la aventura de conocerla por varios años. Existieron dos lugares que nos marcaron particularmente, Antigua Guatemala y el lago de Atitlán. No perdíamos la oportunidad de ir a uno u otro, era increíble ver la majestuosidad de los volcanes, lo verde de la naturaleza, lo místico de su cultura, y tuvimos un sin fin de experiencias que le sumaron mucho a nuestras vidas.

Dubai, una ciudad de contrastes

En Dubai vive mi hermano y su ámbito al igual que el mío es multicultural. Tiene amigos de todas las partes del mundo, viaja continuamente y me mostró una realidad que para mi era solo alcanzable con fotografías y lecturas.

Lo que me impresionó de Dubai, fue lo poco árabe que es. La ciudad está occidentalizada, reina lo superficial y te deslumbra la inmensidad de sus edificios, las islas artificiales, el lujo y su pobreza, porque como he recalcado anteriormente, hay dos caras en cada moneda, no se puede construir un mundo así sin la explotación de otros.

Catalunya y su independencia 

De allí mi salto a Europa. Viajé a Barcelona en octubre del 2017, y estuve presente en el momento en el que Catalunya declaró su independencia. Ese 27 de octubre estaba en las calles de Barcelona viendo como se celebraba la separación y las diferencias. La gente festejaba sin analizar las consecuencias de estos actos, el impacto social, económico y político que implicaba una decisión de este tipo tomada sin un plan.

 Existen lugares que me han dejado sin palabras. He vivido cientos de experiencias, que me han enseñado y me han hecho crecer como persona. También he conocido a muchas personas de distintos países con culturas completamente distintas, sin embargo, eso no ha sido una excusa para hacer grandes amistades, al contrario, hemos aprendido unos de otros.

 


Mi vida no se compone de dos mitades, sino de todas las piezas de experiencias que se integran dentro de mí y he tenido la oportunidad de vivir situaciones que me han enseñado a apreciar los buenos momentos.

Hoy veo en mi padre los ojos de un hombre al que se le desvanece el pasado debido al Alzheimer, y me doy cuenta que las diferencias y conflictos, los argumentos y las razones, son efímeras, aunque existan hombres y mujeres que se pasan la vida tratando de tener razón, sin darse cuenta que todo termina. Mis instantes en estos países son así, efímeros, pero forman parte de lo que soy.

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