Entre una crisis, voluntariado y mucho amor

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La vida está llena de historias cruzadas, personas que se conectan, situaciones que te transforman. Anteriormente había tenido la oportunidad de conocer varios países, siempre con fines de turismo o visita a familiares, pero esta vez fue diferente. En diciembre del año pasado decidí inscribirme a un voluntariado de impacto social en Lima. Había llegado a esa crisis de los 25 a los que muchos le temen, me faltaba ese “algo”, no sabía qué hacer ya que en teoría estaba bastante cómoda con mi vida: trabajo, viajes de vez en cuando, lo usual, pero no era suficiente, me sentía estancada.

Cuando decidí renunciar la mitad de mis amigos no me entendía y la otra mitad estaban igual de entusiasmados que yo. Renuncié a muchas cosas que creía en su momento indispensables, cosas a las que me había aferrado y situaciones que ya se habían vuelto una rutina. La oportunidad sólo llegó a mí y decidí tomarla. No conocía a nadie, eramos 13 voluntarios de diferentes países, diferentes idiomas, pero con un objetivo en común: transformar nuestras vidas.

Lima… si tan sólo hubiera sabido antes lo que una experiencia de voluntariado significaba, hubiera mandado todo al carajo hace años; pero así es la vida, está llena de sorpresas y todo sucede en el momento indicado. Llegué con la cabeza libre de expectativas y un corazón dispuesto a abrirse A TODO.

La primera semana para mí fue un “caos”, estaba tan acostumbrada a la comodidad de un automóvil, el Internet todo el tiempo, a mensajear y ver redes sociales a cada rato, que cuando el chico del sitio técnico me informó que mi celular no podía operar en Perú casi me pongo a llorar. Me enojé, me frustré y un par de horas después me hice la siguiente pregunta: ¿en qué estabas pensando? Recuerdo que el lugar donde vivía (con una familia espectacular por cierto) no tenía mucha recepción y el wifi era prácticamente nulo, me sentí sola.

Por primera vez en mucho tiempo estaba completamente sola, no conocía a nadie, no había tenido la oportunidad de conocer a los otros chicos, ni a los niños y me sentía como una extraña en una casa con personas que tampoco conocía. Estaba fuera de mi zona de confort.

Por la noche me invitaron a cenar. El abuelito de Anita (mi host) es un personaje, de esos señores con los que puedes platicar por horas. Poco a poco me fuí relajando, él se interesó muchísimo por mi historia y mi país. Me pidió que le contara anécdotas y entre plática y plática, me olvide por completo de mi “aflicción” de un par de horas atrás. Tenía la oportunidad de hacer magia, lo que yo veía como obstáculo era realmente la mejor oportunidad que me podía presentar la vida. ¡Yo estaba lista! Era el cambio que necesitaba. Así que borrón y sonrisa nueva -como diría mi madre- me propuse esa noche dejar los “peros” atrás y vivir la experiencia.

Cuando conocí a los chicos fue una conexión instantánea, Matheus, Lucas, Nick, Raquel, Quezia, Jean y Nayara, ellos eran los brasileños, los llenos de vida, los que llevan la buena vibra en la sangre y la transmiten por los poros; todos con la sonrisa de oreja a oreja al conocerme. Nadine es la alemana más atrevida que conozco, con el corazón más grande; el idioma era lo de menos, era “portuinglespañol”, probablemente no nos entendíamos la mayoría de las veces, pero las palabras no son necesarias cuando hay una conexión. Ellos han sido el mejor regalo que pude pedir, por ellos mi corazón en lugar de partirse, se multiplicó.

Es irónico como dos meses me hicieron crear lazos más fuertes que los años. No lo entendía, llorábamos y reíamos todos los días. Es increíble como los diversos estatus sociales simplemente no existían. Cada uno compartió su estilo de vida, sueños, metas, aventuras y sobre todo cariño ¡mucho cariño! Josy y Tati son las peruanas más chévere, Flavio, Jahir, los peruanos más lindos y serviciales y podría seguir con la lista de nombres.

Ventanilla, ese era el lugar dónde estaba el proyecto. Tres horas en bus de ida y tres horas de vuelta, las cuales no importaban con tal de ver a las 44 sonrisas que se grabaron en mi corazón. Es un lugar árido, caluroso, no tienen agua, las paredes de la escuela son de lámina y se podrán imaginar cómo se sentía el estar dentro. Día a día jugábamos, impartíamos clases, pintábamos, y mil cosas más. Probablemente no teníamos todos los materiales o a veces las energías, pero lo que sí teníamos era amor, muchísimo amor.

Me enamoré, me enamoré completamente y no pude evitarlo. No hubo día en que yo no aprendiera algo, no hubo día en que no llorara de felicidad, no hubo ni un sólo día en que no agradeciera por haber tomado la decisión de hacer un voluntariado, no hubo ni un solo día en el que no me sentí plena o felíz. No me importaba qué iba a hacer al regresar a mi país, no me importaba el dinero, no me importaba el no tener un plan o la vida resuelta.

Me enfoqué en el “aquí y ahora” con todos los “aquí y ahora” que eso conllevaba.

Dos meses, los mejores dos meses de mi vida. Entendí el adiós de un aeropuerto, lloré todo el camino de regreso a casa, regresé con la maleta llena de tarjetitas, comida, recuerdos. Pero lo más importante, regresé transformada y con una ilusión: la ilusión de hacer de mis días lo mejor.

No les voy a mentir, me ha costado. Un amigo a quien admiro mucho me dijo: “viajar es un escape, pero a la vez un reencuentro. Después de una experiencia así probablemente te vas a deprimir, vas a perder supuestos amigos y vas a querer agarrar maletas lo más pronto posible, pero todo habrá valido la pena.” Cuanta razón, TODO valió la pena. Inicié un proyecto personal, trabajo en un área nueva, lucho día a día con la nostalgia, pero tengo esperanza, tengo fé y sobre todo, estoy abierta a las sorpresas de la vida. ¡Que se venga lo que se tenga que venir, estoy lista!


Kathy Monge es la protagonista de esta historia llena de valentía y amor. Tiene 26 años, es diseñadora industrial y está planeando su próximo voluntariado. Puedes seguirla en su instagram con el usuario @kalemoso.

Una respuesta a “Entre una crisis, voluntariado y mucho amor”

  1. Gracias por ser quién eres. Qué alegría tan grande me has compartido, viví con tus palabras. Sin dudas es una experiencia eterna lo que viviste. Sigue multiplicando amor y alegría por la vida. Saludos.

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