Geraldine Aular, desde Venezuela a Guatemala

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A los 16 años creía que tenía la vida complemente hecha. Pero al pasar los años me di cuenta de que no era así. Comprendí que debía salir de Venezuela para ayudar a mi familia, para buscar un mejor futuro y, sobre todo, para cumplir mis sueños. Aunque no ha sido un camino fácil ahora entiendo que todo pasa por algo. 

Una niñez en Venezuela

Mi primer recuerdo de Chavez creo que fue en los 90´s cuando era el casamiento de mi tío, yo todavía era pequeña. Había sido el intento de Golpe de Estado de 1992.  Aunque era un momento para celebrar, todos tuvimos que regresar a casa rápido porque empezaban los saqueos en Valencia,  la ciudad en la que vivía.

Al pasar los años, Hugo Chavez asumió el poder en Venezuela y recuerdo muy bien que no pude celebrar mis quince años por el Paro Petrolero. No había gasolina, no teníamos clases y se sentía un ambiente muy denso. Meses después tuvimos que ir los fines de semana a estudiar para reponer los días que habíamos perdido. Y en esas circunstancias, sí o sí tenías que buscar qué era lo que estaba pasando en tu país ¿por qué las cosas habían cambiado tanto?

No entendíamos por qué Chavez había iniciado campañas para beneficiar a la gente humilde, pero paraba a las empresas y expropiaba propiedades.”

El gobierno de Chavez, ¿bueno o malo?

Chavez comenzó con sus actividades y creó becas internacionales,  ayudó a muchas personas de escasos recursos y creó paquetes de comida para estas mismas personas. Cuando se enfermó y entró Maduro las negociaciones comenzaron a caer, las personas ya no quería invertir en Venezuela y todo comenzó a empeorar.

Recuerdo que se aprobó la Ley de Costos y Precios Justos y eso hizo que las empresas tuvieran que despedir a muchos trabajadores. El tema del desempleo se agudizó y las prometedoras becas de hacía algunos años ya no existían.

En ese momento, mis planes eran terminar mi carrera universitaria en Venezuela y luego estudiar afuera, pero la situación cambió y eso me hizo poner como prioridad buscar un trabajo y fue así como decidí irme a México. En ese entonces, a pesar de todos los problemas en Venezuela, todavía tenía la mentalidad de que si no funcionaba, no importaba porque podía regresar a mi casa tranquilamente… vaya que las cosas han cambiado. 

Febrero de 2014, todo se activó

Regresé a Venezuela el 12 de febrero, que se celebra el día de la juventud.  Varias universidades estaban pasando por situaciones difíciles por diferentes luchas políticas que tenían y decidieron salir a marchar. Mi hermano quería salir y aunque no estaba muy convencida, mi mamá me dijo que lo acompañara, así que fuimos.

Marchamos por cuatro días y no lo hicimos más porque yo veía como al pasar los días, la tensión entre estudiantes y policías se hacía más grande. Yo no quería exponernos. Para el sexto día la violencia estaba muy fuerte. Mucha gente fue asesinada, desaparecida y agredida. Recuerdo muy bien el caso de una chica deportista que se llamaba igual que yo. Geraldine Moreno iba caminando al regresar de un entreno y fue herida sin ser parte de las protestas. Yo intenté ayudarla para conseguir recursos, pero justo el día de mi cumpleaños  falleció. Estaba en shock al pensar que el día que yo estaba cumpliendo un año más de vida, una chica que no estaba haciendo nada malo, murió.

Supe que debía salir de mi país y que probablemente, sería para siempre.”

¿Y ahora? ¡Guatemala!

Todo coincide con que en el trabajo en el que estaba despidieron a las personas que no iban a las las marchas chavistas.  Me quedé sin sueldo y sabía que habían servicios que pagar. 

De nuevo, opté por salir del país, pero esta vez sabía que no podría regresar. Comencé a buscar lugares y sabía que México estaba muy peligroso. Decidí intentarlo en Guatemala y aprovechar que unos años atrás había sido edecán  y que me habían pagado muy bien. Llegué en abril del 2014 y a pesar de que no estaba haciendo lo que me apasionaba, lograba la meta de mantenerme en el país y enviarle dinero a mi familia.

Todo venezolano o venezolana que sale del país madura, porque sabe que su mudanza debe funcionar. Yo sabía que me había convertido en la cabeza de mi familia, debía ayudar a mi madre, a mi hermano y a mi abuela, no había marcha atrás.

Adiós a la zona cómoda

Cuando vine a Guatemala me puse un plazo para ser edecán porque no quería acostumbrarme y quedarme allí. Me propuse un año para tener mi propio apartamento, amueblarlo y para tener un boleto que trajera a Guatemala a mi mamá o a mi hermano.

Mi plan de vida era otro. Pero tuve que pasar por esta crisis para organizar mi vida. Este fue el cable que me conectó a la tierra.”

Me sentía sola, incomprendida y lloré por muchas noches; pero nunca dejé de luchar. Aprendí a conocer las marcas y a enfocarme en mis habilidades de publicista que ya había adquirido en Venezuela. Estaba lista para dar otro salto y la televisión fue el lugar que me acogió. No fue fácil, es un medio muy competitivo, pero todo lo que había hecho antes me preparó para ese momento. Tuve muchos más miedos, pero no podía no afrontarlos, no tenía opción. 

El tormento de estar separados

Cumplí lo que me había propuesto, sin embargo, mi hermano no quiso venir a Guatemala. Me pidió ir a Venezuela a acompañarlo a su graduación, así que me fui. 

Al llegar a Venezuela pude sentir el ambiente de hostilidad. Se notaba que las personas no estaban contentas con sus trabajos. Encontrar a alguien que sí lo estuviera era como encontrar una pepita de oro en el desierto. Esto me marcó. El malestar del país se extendió más allá de lo político y lo económico, había llegado a las emociones de las personas.

Al regresar a Guatemala vine con una carga muy fea sobre la situación de mi familia; saber que pasaban dos meses sin conseguir carne o pollo, que debían comer comida enlatada por mucho tiempo, me atormentaba. Sentía mucha culpa por comer bien, por recibir un sueldo, hasta por reírme.

Me culpaba de cosas que en realidad no era mi culpa y con el tiempo entendí que debía perdonarme y aceptar que no había tiempo para sentirme mal”.

Pasó el tiempo y mi hermano decidió venir a Guatemala.  Sentí un gran alivio. Al fin tenía otra vez una parte de mi familia cerca. Pero me hacía falta la otra mitad, necesitaba traer a mi mamá, pero en aquel momento, me dijo que no podía dejar sola a mi abuela, así que mis planes cambiaron un poco.

Las vacaciones que necesitaba

Pase 3 años sin vacaciones así que decidí irme de viaje. Venía de una carga emocional muy fuerte y acaba de cortar una relación muy tóxica. Como mi mamá no quería venir a Guatemala decidí utilizar esos ahorros para irme a Italia un mes.  Hasta allí puedo decir que respiré.  Sentí que me reconecté, reconocí que mis esfuerzos habían valido la pena y volví completamente recargada. 

Al regresar de mi viaje, mi mamá me dijo que aceptaba venir a Guatemala a vivir y gracias a Dios hubo eventos y proyectos que hicieron esto posible. El 25 de diciembre del año pasado, recibimos a mi mamá en el aeropuerto y han sido las lágrimas más felices que he derramado en mi vida.

Ahora que estamos juntos puedo respirar tranquila. Valoro nuestras comidas, el tenernos y el poder convivir a diario. Aunque después de vivir sola varios años, debo admitir que es difícil acoplarse otra vez a compartir tus espacios, encontré amor en ejercitar la paciencia y entender al otro. Lo que estoy viviendo ahora es realmente maravilloso.

Confíen

Estoy muy agradecida con muchos guatemaltecos que me han tenido mucha paciencia, que me han enseñado cosas nuevas y que me han aceptado. Guatemala me ha regalado muchas cosas y necesito retribuirle todo eso al país. He ayudado en su momento con varias recaudaciones para personas que lo necesitan; y le brindo mi amistad sincera a aquellas personas que han sido luz en mi camino y en el de otros.

Ahora que veo todo lo que he recorrido y me siento muy orgullosa porque nunca se me hubiera ocurrido imaginar todo lo que he logrado. Cada miedo y cada lágrima que derramé han hecho más grandes y felices a los momentos dulces. ¡No se rindan! Por eso siempre digo “tranquila, confía, que cada situación valdrá la pena”.


Geraldine Aular formó por cuatro años parte del talento de Canal Antigua. En febrero del 2019 culminó esta etapa en la televisión para emprender su proyecto personal enfocando en la capacitación integral de talentos; además de continuar en la animación y conducción de eventos de reconocidas marcas. Es productora del foro SER REAL, espacio que sirve para resaltar el lado humano de personalidades del medio artístico y atletas guatemaltecos mediante un foro público. Es creadora de contenido y embajadora de distintas marcas en redes sociales y puedes seguirla aquí. 

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