La enfermedad de las mil agujas me ha hecho más fuerte

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Desde pequeña fui enferma. Conforme fui creciendo mi salud se fue dificultando, de los 7 a los 10 años, tuve una enfermedad llamada Síndrome Nefrótico y básicamente mis riñones decidieron dormirse y no trabajar. A raíz de esto empecé con esteroides en cantidades industriales, lo que arruinó mi sistema inmune. Con el tiempo me diagnosticaron fibromialgia.

Fue así  como, desde los 10 años, padezco migrañas y tal vez desde los 11 insomnio severo y cansancio acumulado. Durante varios años visité a distintos doctores, sin embargo, solo uno logró descubrir mi enfermedad.

Una vida llena de enfermedades

Hace cuatro años, más o menos, tuve una crisis de migraña de 3 meses; pase dos semanas en el hospital, me encontraban inconsciente, me tenían con sedantes y aún así el dolor no me dejaba dormir. Después de esos tres meses un homeópata, a quien le agarre muchísimo cariño, me dijo que la migraña podía ser por piedras en la vesícula; así que me operaron, a los 4 días de la operación se me quitó mágicamente el dolor de cabeza.

Tiempo después comencé con los síntomas más comunes de la fibromialgia: dolor crónico generalizado, entumecimiento y  fatiga crónica. Un día, desesperada, le hablé a mi mamá y llorando le dije que no podía más.

Dos años antes de ese episodio había tenido una parálisis del colon; lo que me había provocado inflamación en las mucosas y también hipoglucemias.  Por ende, me desmayaba seguido y eso me obligó a dejar de nadar y manejar.

Por otro lado, también me habían diagnosticado, a los 16 años,  parestesias en las piernas, neuropatías y piernas inquietas. Recuerdo que desde la primera mestruasión tuve dolores exagerados que hacían que me desmayara o no pudiera mover las piernas. ¡Toda mi vida tuve que soportar dolor!

Hasta aquí, no puedo más

Hace 4 años cuando le dije a mi mamá que no podía más, ella y mi papá dijeron que debíamos ir con un reumatólogo. Tengo 10 doctores para ser exacta y tener uno más o uno menos no era gran cosa; así que acepté ir.

Al estar allí, el doctor me sacó la hoja de la primera consulta; tenía que escribir todas las enfermedades que padecía, desde alergias hasta problemas de piel; recuerdo que ese día le marqué 17 enfermedades que según yo padecía pues era lo que me habían diagnosticado anteriormente.

Al entrar a la clínica y ver mi expediente el doctor inmediatamente me dijo: tu tienes fibromialgia. Para diagnosticar esta enfermedad, que se conoce como la enfermedad de “las mil agujas”, te deben encontrar 19 puntos de dolor en el cuerpo, si tienes arriba de 12, das positivo al diagnóstico; yo tenía los 19 activos y todas las enfermedades que complementaban el diagnóstico.

Cuando supe lo que tenía fui feliz, porque al fin tenía una respuesta a todas mis enfermedades y lo más importante era que no estaba loca. No me gustaba que me tocaran porque me dolía, todo el tiempo estaba con gripe o algo más porque mis defensas no sirven, no era por hipocondríaca. ¡Todo hacía sentido!

4 años después de diagnostico…

Varios años después del diagnóstico, puedo decir que no he mejorado. La lista de síntomas sigue aumentando y la cantidad de medicinas también. Esta no es una enfermedad que degenere, pero es una enfermedad progresiva y que  casi nadie conoce.

La vida no es fácil con fibromialgia. Todo cambia: la dieta, la ropa, las joyas, la piel, el equilibrio, la visión, el apetito, etc. Sin embargo, ahora que veo atrás me doy cuenta que todo lo que he logrado ha sido por esta misma enfermedad: graduarme del colegio, de la licenciatura y maestría con honores, haber trabajado para una de las empresas más importantes de Guatemala, hacer arte, tener un emprendimiento, manejar, conocer 17 países, caminar kilómetros, tirarme de piedras de 5 o más metros, adoptar un perro, levantarme todas las mañanas, bañarme, comer, ponerme los zapatos, dar clases en la u, tener una vida social y  apreciar a las personas que me quieren como soy.

Descubrí que esta enfermedad no me debilita, me hace más fuerte, me hace seguir adelante y. aunque me hizo ser dependiente, jamás me dejaré vencer por el dolor, sino que lo seguiré utilizando a mi favor porque me hizo ser quien soy.

Mi familia, especialmente mi mamá y papá, han sido mi pilar más fuerte, sin ellos es probable que ya me hubiese rendido. A pesar de todo, hoy puedo decir que soy una mujer fuerte de 29 años con más de 20 síntomas, dolor, fatiga e insomnio crónico. Y estoy dispuesta a conquistar todo lo que se me presente acompañada de mis papás y amigas.


Tras una vida llena de enfermedades, Lu Noguera fue diagnosticada con fibromialgia. Su familia, perseverancia y actitud positiva la han ayudado a seguir adelante para luchar por sus sueños. Si deseas conocer más de ella en sus redes sociales, puedes dar clic aquí.

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