Lo que hemos aprendido como tejedores tzʼutujiles

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Por más de 20 años mi familia se dedicó a recuperar la cultura de tejedores tzʼutujiles. No sabíamos que, a partir de esto, sanaríamos nuestro tejido social y dignificaríamos nuestra historia. Llegamos a ser hasta 115 familias tejedoras y aprendimos a vender indumentaria a un precio justo.

Mi familia decidió retomar una tradición olvidada

El grupo de tejedores Oxiljuj Batz’ (Trece Hilos) empezó con mi familia. Mi papá y mi mamá se sintieron motivados a fundar algo que fomentara conocimiento artístico ancestral. Después de conocer este legado histórico, mi papá comenzó a tejer indumentaria a una de mis hermanas mayores; algunos vecinos lo vieron y solicitaron ser parte del grupo.

Comenzó a enseñar el proceso de tejer a cuatro familias agricultoras para que ellos pudieran hacer su ropa y se ahorraran ese dinero. Para el año 2008, antes de toda la crisis económica en los Estados Unidos, el programa tenía a 115 familias alrededor de Atitlán.

Nos hicimos populares por enseñar el proceso sin ningún costo para que la comunidad se beneficiara de esto.”

En el año 2018 cumplieron 20 años de trabajar de forma colectiva y actualmente el colectivo está conformado por 52 personas: 20 mujeres adultas, 9 hombres adultos, 3 abuelas comadronas, 5 abuelos y 15 jóvenes. Son de diferentes cantones del pueblo de Santiago Atitlan.

Impactando la comunidad con nuestro trabajo

Tenemos diferentes ejes de trabajo. La primera es una línea de investigación permanente sobre el arte del tejido Tzʼutujil. Creamos una tienda artesanal llamada “Hilos de amor” que vende tejidos a un precio justo. También hacemos tours comunitarios y sostenibles donde viajeros conocen el proceso del tejido y nuestra historia en Atitlán.

Por último, soy el cofundador la escuela comunitaria de tejido donde trabajamos con varios jóvenes; ellos aprenden a ser su propia vestimenta. Antes de entrar a estos espacios desconocían totalmente qué era la identidad Tzʼutujil.

Ahora han comenzado a tener mucha gratitud y a cambiar la idea de que “lo indígena no sirve”.

Un cambio de narrativa

A partir de estos círculos de tejedores tzʼutujiles hemos visto un cambio en los jóvenes, especialmente en los hombres, que buscan conservar su identidad indígena. Hace algunos años olvidamos de donde veníamos, lo que somos y aprendimos costumbres occidentales para no sufrir racismo. Yo incluso fui discriminado por maestros y directores que no me dejaban recibir clases si no usaba pantalones de tela.

Pasé mucho tiempo así hasta que mi abuelo me regañó y me explicó que no debería de avergonzarme de mis raíces. Convencí a mis compañeros para que usaran su indumentaria y organizamos una protesta de una semana para que en la escuela aceptaran quiénes éramos.

No conozco a otros grupos que enseñen estos procesos como nosotros lo hemos hecho. Es interesante ver cómo hay muchas personas extranjeras interesados en conocer sobre nuestra historia, mientras que a personas de la misma comunidad no les importa.

Sería interesante replicar este proceso en otras comunidades para que todo el país se sienta identificado con su legado. Se necesita trabajar colectivamente.”

A través de estas experiencias es que puedo invitar a otros jóvenes a que formen parte de nuestra comunidad. Usamos nuestra creatividad para crear nuevos diseños. Creamos un pequeño espacio de sanación donde entendemos cuál es nuestro lugar en Guatemala.


Alex Petzey es miembro de una familia de 10 hermanos donde la proyección social y el liderazgo comunitario es muy importante. Puedes seguirlo en su cuenta de Instagram aquí o puedes conocer más sobre los productos que tejen en su página de FB.

Una respuesta a “Lo que hemos aprendido como tejedores tzʼutujiles”

  1. Felicidades sigan adelante dignificando a su pueblo y con eso también buscar las mejoras económicas para el bien común, saludos y adelante.

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