Mi momento más difícil en la cuarentena

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En Historias Abiertas buscamos que nuestra comunidad se expresé y logré compartir con los demás sus experiencias sobre cómo han llevado la cuarentena. A continuación, compartimos con ustedes algunas de los momentos más difíciles de nuestros lectores, tras cumplir más de tres meses en confinamiento.


¡Me da miedo regresar a la “normalidad”!

Hace un mes comencé a sentir el corazón acelerado, me dolía el pecho, estaba sudando y se me dificultaba respirar; en efecto, me dio un ataque de pánico. Al comenzar a buscar las causas, me di cuenta que me da miedo regresar a la nueva normalidad.

Hace un año me diagnosticaron ansiedad social y comencé a trabajar con mi terapeuta. Sin embargo, con todo lo que ha pasado, siento que retrocedí mil pasos y ahora, de nuevo me da miedo hablar e interactuar con personas que no sean mi familia.

Esto ha hecho que el insomnio, la ansiedad, y la falta de interés se hayan apoderado de mí. En las últimas semanas he llegado a dormir solo una hora al día.

Por otro lado, la universidad me está sobrecargando y mi estado emocional me ha hecho perder el interés en realizar ejercicios, proyectos y tareas, ¡hasta se me dificulta prestar atención en clases!

Siento que ya no puedo más y que todo se derrumba. Decidí pedir cita con mi psicólogo porque creo que es lo correcto. Por ello, los invito a no quedarse con las manos cruzadas y buscar hablar sobre sus problemas para poder encontrar ayuda.


3 Mini-historias

(Desplázate entre las diapósitivas para leerlas)

 

¡Me siento asfixiada!

Esta cuarentena me ha traído más mal que bien. Al hablar de un encierro de meses, hablamos de lidiar con la desesperación, aburrimiento, frustración, enojo y estrés. Es cierto que estamos con nuestra familia pero siempre necesitamos un tiempo solos.

Estamos acostumbrados a vivir una vida “en apuros”. Nos despertábamos temprano para dirigirnos al trabajo/universidad/colegio, pasábamos ocho horas rodeados de nuestros compañeros, una o dos horas en el tráfico de regreso y al final del día compartíamos algún tiempo con nuestra familia.

Pasamos de eso a compartir casi 12 o 14 horas diarias con ellos. Hasta cierto punto se convierte una pesadilla. Por ello, muchos recurrimos a encerrarnos en nuestras habitaciones para tomar un tiempo solos, pero algunos tienden a excederse.

Tengo 20 años y estoy en tercer año de medicina, por lo que la mayor parte de mi tiempo la paso aventurando mis grandes libros de texto. La carrera me exige mucho y más ahora con el estudio a distancia, así que no tengo tiempo para hacer recetas de Tasty, rutinas de ejercicio, pintar mi cuarto o hacer pan de banano.

Sin embargo, trato de dejar más tiempo para compartir con mi familia, algo que no solía hacer antes de la pandemia. Yo no estaba acostumbrada a reservar estas horas para ellos y ahora que lo hago no me está gustando.

Los amo pero me siento asfixiada. Por eso, huyo y me escondo entre los grandes libros, pero existe este gran bloque que me impide concentrarme: mis pensamientos. Desde que inició la cuarentena he tenido este tiempo extra, el tiempo que solía usar para estar con mis amigos, clases o manejando y ahora lo uso para pensar.

¿Qué hubiera pasado si no hubiera pandemia? ¿Qué estarán haciendo mis amigos? ¿Estarán estudiando? ¿Irán más adelantados que yo? ¿Por qué no estoy estudiando? ¿Acaso me gusta lo que estoy estudiando? ¿Será está mi profesión? ¿Qué hago pensando tanto y por qué no dejo de hacerlo?”

Este bloqueo me impide terminar mi quehacer universitario y, aunque acudo a mi familia, no logro llegar a tener consuelo. Si no puedo estudiar pero tampoco tolero ya estar con mi familia, ¿qué hago? Mi respuesta: redes sociales.

Creo que hablo por todos cuando digo que los juegos, Facebook, Twitter, WhatsApp y Nexflix se han convertido en una obsesión. En lo personal, mi uso de teléfono ha aumentado demasiado, he llegado a usarlo 14 horas diarias.

No me concentro bien, no estoy aprendiendo como desearía, la relación con mi familia no ha mejorado, no estoy siendo productiva y cada minuto que pasa es un pensamiento auto destructivo que me ha llevado a desarrollar miedo de caer en depresión.


Agradecemos a todas las personas que confiaron en nosotras para contarnos sus historias durante el confinamiento. Recuerda que si quieres contarnos tu historia puedes hacerlo al correo tengounahistoriaabierta@gmail.com o llenando este formulario. 

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