Perder a nuestro bebé nos motivó a ayudar

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Generalmente, cuando sabemos que una amiga, familiar o conocida está esperando un bebé, nos alegramos por ella. Sin embargo, hay algo que inconscientemente hacemos en ese instante: damos por hecho que todo saldrá bien. Omitimos por completo que no todos los embarazos terminan en un final feliz. Lamentablemente, ese fue mi caso. Perder a nuestro bebé ha sido un proceso muy doloroso. 

¡Una felicidad inexplicable!

Desde que tengo memoria jugaba a ser mamá y, al crecer, siempre tuve en la mente que quería ser madre. Cuando tenía esos pensamientos imaginaba que todos mis embarazos serían felices y sin complicaciones, tomando en cuenta que ni una sola mujer de mi familia ha tenido problemas graves al tener hijos.

Pasaron los años y me casé con el amor de mi vida. Desde que éramos novios platicamos sobre el tema de los hijos y, sin duda, era algo que ambos anhelábamos. Aunque lo esperábamos con ansias, decidimos pasar nuestros primeros dos años de casados disfrutándonos y creciendo como pareja.

Después de todo ese tiempo de calidad y mucho amor con mi esposo, nos enteramos de una notica que cambió nuestras vidas: ¡Estábamos esperando un bebé!”

En ese momento nos llenamos de felicidad e ilusión. Comenzamos a ir al médico y a tener todos los cuidados necesarios. Mientras pasaba el tiempo, mi estómago se hacía grande y cada vez sentía como el bebé se movía más y más.

Comenzamos a comprar las objetos para el dormitorio, a acudir a charlas de leche materna y toda la familia estaba muy feliz por nosotros. ¡Yo no dejaba de pensar que al fin estaba viviendo mi sueño!

Al quinto mes de embarazo decidimos que el bebé se llamaría Luka y cada día estábamos más emocionados”.

Perdimos a nuestro bebé

En la semana 34, sentí que los movimientos del bebé habían disminuido, pero pensé que era porque necesitaba dormir. Sin embargo, una noche me sentía mal  y decidí tomarme la presión; estaba un poco alta. En ese momento le escribí al médico, pero tanto mi esposo como yo estábamos muy tranquilos, ninguno imaginaba que esto no terminaría bien.

Al día siguiente, fuimos a que me hicieran exámenes y a las tres de la tarde el médico me escribió que quería saber cómo estaba mi presión. Lo hice y estaba más alta que el día anterior.  El doctor me dijo que quería verme rápido en su clínica.

Mientras me estaba examinando noté que el doctor no decía nada. Cuando me hacía el ultrasonido quitaba la máquina y la volvía a poner, y eso comenzó a ponerme nerviosa. Le pregunté si todo estaba bien y me dijo que no estaba escuchando los latidos de Luka.

El doctor nos indicó que era urgente que me operaran porque yo estaba en riesgo y en cuestión de una hora yo ya estaba en el quirófano. En ese momento me sentía asustada, con el corazón y el alma partida en mil pedazos, no solo por la perdida de mi bebé, también por el dolor que esto le había causado a mi esposo.

¿Cómo superar tanto dolor?

Nuestra vida después de sufrir de preeclampsia y de la perdida de Luka fue bastante dura. Aunque con mi esposo tratábamos de estar bien, ambos seguíamos muy tristes. Dejando de lado el dolor emocional, también estaba el dolor físico porque yo prácticamente acaba de salir de una cesárea.

El post parto es el tiempo en donde nuestro cuerpo empieza a regresar a la normalidad pero, en ese proceso, sufrimos cambios drásticos que nos atacan física, mental y emocionalmente. Lo más difícil fue que yo viví todo ese proceso, que cualquier madre vive después del parto, sin mi bebé.

Definitivamente no ha sido nada fácil nuestro duelo porque mi preocupación también era por mi esposo. Me preocupaba que él estaba pasando el duelo más difícil de su vida y aún tenía que cuidar de mí. Por eso yo intentaba estar bien, no quería ser una carga para él y quería ayudarlo a estar mejor.

En esos días le agradecí tanto a Dios por la vida de mi esposo. Su apoyo fue fundamental en cada segundo y, por fortuna, aún nos teníamos los dos para continuar”.

Los sentimientos de culpa empezaron a inundar mi cabeza y corazón, pensaba que yo era culpable de lo que le pasó a mi bebé porque no había estado lo suficientemente atenta a él. Pensaba que había fracasado como mamá y me sentía muy mal porque no había podido llorar bien porque no me sentía bien, pensaba que de seguro no amaba lo suficiente a mi bebé y por eso no lloraba. 

“Estaba tan triste que podía pasar todo el día en la cama. Aunque no me daba hambre sabía que debía salir adelante por mi esposo y por mí”.

No me encontraba nada bien hasta que un día decidí encerrarme en el baño y orar. Esa noche lloré y le pedí a Dios que me diera paz.  Allí comprendí varias cosas: la primera, que yo no era culpable de nada, no fue mi culpa y tampoco de mi cuerpo. En segundo lugar, entendí que no soy una mala madre por no llorar como muchas otras personas, porque el duelo es diferente para cada uno y, en tercer lugar, tuve la certeza de que que volveremos a ser papás sin olvidarnos de Luka.

Una oportunidad para impactar y ayudar a otras personas

En esta etapa el apoyarse en pareja es vital. Ambos deben entender que ninguno es culpable y deben saber que es bueno enfocarse en temas del trabajo, del hogar, de la salud y de la relación. El enfocarse en estas cosas nos ayuda a estar distraídos. Esto no significa que nos estábamos olvidando de nuestro hijo, pero es sano que siguiéramos con nuestras vidas.

Han pasado algunos meses y aún me duele, aún lloro, aún pienso en él y lo extraño cada segundo del día, pero sé que está en un mejor lugar”.

En mi proceso de recuperación comencé a investigar sobre la preeclampsia y noté qué hay muchos casos como el mío, solo que es un tema tabú. Eso significa que las mujeres y hombres sufren en silencio sus pérdidas. Al notar esto, decidí crear mi blog y contar mi proceso de recuperación, para que otras parejas sepan que no son los únicos y que entre todos podemos apoyarnos.

A si que, si tú y tu pareja están viviendo algo parecido, ¡ánimo! No están solos, y no es su culpa. Lamentablemente son cosas que a veces suceden y que probablemente no entendemos, pero depende de nosotros el aferrarnos al amor de nuestra pareja, a Dios y seguir adelante.


Tras perder a su bebé Andrea Mérida decidió crear un blog para contar su historia y  ayudar a más parejas que se encuentren viviendo la misma situación. Si quieres conocer más sobre ella puedes seguirla en redes sociales dando clic aquí o puedes conocer su blog aquí.

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