Soy una reina de belleza en silla de ruedas

Publicado el
Tiempo de lectura: 7 minutos

Tenía una vida normal. Una vida en la que soñaba con ir a la universidad, convertirme en periodista, trabajar, viajar y tener una familia. Esto hasta que un accidente me cambió la vida y me dejó en cuadrapléjica. Aunque fue duro, no me dejé vencer y, hasta hoy, he luchado por las personas que tenemos alguna discapacidad.

El accidente que cambió mi vida para siempre

El 26 de abril de 2008, salí a celebrar el día de la secretaria con mis amigas -ese año iba a cerrar mi carrera en secretariado bilingüe-. Cuando veníamos de regreso, la persona que estaba manejando iba muy rápido y tenía tanto miedo que solo cerré los ojos y me dije: Dios mío, si voy a morir no quiero ver. 

Esa persona no fue consciente de que llevaba a 5 personas más en el carro y, de un momento a otro, el carro se volcó. Abrí los ojos y todo estaba oscuro, escuchaba que las personas que iban en el carro conmigo gritaban mi nombre, pero no podía verlo porque ellos ya habían salido.

Cuando intenté salir del carro me di cuenta que no podía moverme y que tampoco podía respirar bien. Lo primero que pensé que el accidente me había cortado las piernas y los brazos y pensar en eso hizo que me pusiera mucho más nerviosa. 

Cuando los bomberos me sacaron del vehículo logré ver que tenía mis brazos y piernas.  El shock fue mucho más fuerte en ese momento, porque vi que todo mi cuerpo estaba completo pero no podía moverlo.

72 horas de vida

Ingresé al Hospital San Juan De Dios y, como en la mayoría de hospitales públicos, no me dieron una atención inmediata; se limitaron a llamar a mi familia y les indicaron que yo tenía apenas un 1% de posibilidades de vida.

Los doctores les dijeron a mis papás que, al haber sido golpes tan fuertes, solo me quedaban 72 horas de vida.

Los doctores decidieron dejarme en el área de emergencias, en donde escuchaba a muchas personas quejarse y llorar.  Allí iba a morir porque yo me accidenté un sábado y los especialistas llegaban hasta el miércoles. Por eso, mis padres decidieron trasladarme a un hospital privado.

En ese nuevo hospital les dijeron a mis papás que mis posibilidades de vivir eran muy pocas y que solo un milagro podría ayudarme. A pesar de todo, entré a una operación muy larga y logré salir viva.

Durante la semana que estuve en el hospital le preguntaba constantemente al doctor que cuando podría volver a caminar, pero él me evadía la pregunta. Creí que una operación era suficiente para que yo volviera a caminar, pero con el tiempo entendí que no. 

Una vida nueva y distinta

Cuando salí del hospital y entré en camilla a mi casa, me di cuenta que mi cuarto se había convertido en otro hospital. Tenía una cama hospitalaria, una enfermera que me estaba cuidando, una fisioterapeuta pulmonar y física y un me médico de cabecera.

El momento de la verdad llegó y me explicaron que mi lesión me había provocado una cuadrupléjia y que desde entonces en adelante mi mamá, mi papá, mi hermano y mi familia se iban a convertir en mis manos, pies y en todo mi apoyo.

Para mí fue un balde de agua fría porque creía que lo peor ya había pasado. Sin embargo, lo peor estaba por venir”.

Cuando supe la verdad, me puse a llorar y le pregunté a Dios por qué me estaba pasando todo eso a mí, por qué no a las personas que matan, que roban o que son malas. No entendía por qué a mis 17 años me había pasado algo así. Mis sueños y anhelos se habían acabado. Le decía a Dios que por qué me había dejado con vida si ni siquiera podía hablar bien. Estaba muy enojada.

Los primeros días fueron fatales, entré en depresión. No quería que nadie me visitara, que nadie me hablara, yo no quería saber nada de este mundo, no quería oír música, ver tele, no quería comer, me sentía como que la gente llegaba a burlarse de mí.

¿Avanzar?

De parte de la iglesia vinieron varias personas a visitarme y a predicar la palabra de Dios. Aunque al inicio no quería saber nada de esto, poco a poco Él fue tocando mi corazón, empecé a tener fe y decidí creer.

Comencé a pedirle a Dios que me dejara sentarme en una silla de ruedas y que pudiera respirar bien. La fe y la confianza comenzaron a transformar mi vida y con el tiempo empecé a notar que estaba mejorando.

Meses después, varias partes de mi cuerpo empezaron a tener movimiento, comencé a sentarme, aunque sea un minuto, y eso ya era ganancia para mí. Logré mantenerme 3 horas sentada, que era lo que necesitaba para que me llevaran a un hospital en donde me iban a enseñar distintos tipos de ejercicios y terapias.

Allí mejoré mucho porque estuve todo un año. Ya podía mover ciertas partes de mis brazos, mis hombros y le dije a mis papás que quería regresar a mi vida normal. Fue así como terminé estudiando los fines de semana un bachillerato por madurez.

Injusticias para las personas con discapacidad 

Me gradué de bachillerato en ciencias y letras por madurez. Comenzó  el dilema de qué estudiar en la universidad. Quería ser reportera, pero sabía que no podía porque en ese entonces era muy dependiente. Fue en este momento cuando me di cuenta que había mucha injusticia para las personas con discapacidad. Noté que a cada lugar al que yo iba tenía que mendigar para que me dieran la oportunidad de entrar.

Pero todos estos problemas me ayudaron a entender a qué me quería dedicar: Tenía que convertirme en abogada para cambiar todas esas injusticias que sufren las personas con discapacidad”.

Mi mamá y un tío me dijeron que me apoyarían para estudiar en la Universidad, pero al estar allí me di cuenta que no sería tan fácil. Mi primer día me di cuenta que mi facultad no tenía elevador y que mi clase quedaba en el tercer nivel. Aunque hablé con el decano, nunca hicieron nada para ayudarme. Poco a poco fui haciendo amigos quienes me ayudaban a subir y a bajar.

Tiempo después conocí a quien ahora es el rector de la Universidad de San Carlos de Guatemala y me dijo que quería ayudarme. Él intentó hablar para que cambiaran mis clases pero no se pudo. Sin embargo, todos los días me mandó a personas para que me ayudaran a subir. El rector me dijo que quería implementar unas rampas en la universidad y en 2012 las empezaron a construir.

En mi tercer año de la universidad mi tío me dijo que no podía seguir llevándome a mis clases, así que comencé a tomar el transporte público con mi hermano. Ese fue el año más duro porque el transporte público en Guatemala no está hecho para recibir a una persona en silla de ruedas.

En mi cuarto año obtuve mi primer trabajo y luego pude cerrar mi carrera y comenzar a trabajar en mi tesis y privados. Sabía que no podía quedarme allí y comencé a estudiar una maestría en derechos humanos. 

En noviembre del año 2016 me gradué de abogada y notaria”.

Miss Wheelchair World me cambió la vida

Varias iglesias me pedían que diera mi testimonio y un amigo me recomendó hacer un video y subirlo a las redes sociales para poder difundirlo más fácilmente. Lo publiqué y me fui a dormir. No imagine que al otro día tendría 13 mil reproducciones. Allí me di cuenta podría  influir positivamente en los demás.

Recibí un mensaje de una fundación polaca en donde me invitaban a participar en un proyecto para mujeres en silla de ruedas a nivel internacional.  Se trataba de un concurso de belleza. El tema principal era cómo se habían transformado los estereotipos de una mujer con disparidad.  Mandé mis requisitos y fui una de las 25 personas seleccionadas a nivel mundial.

Viajé a Polonia por 3 semanas y participé en una experiencia maravillosa e indescriptible  Allá todos los derechos son respetados y hay más accesibilidad. Sabía que tenía que hacer un cambio en Guatemala, que tenía luchar por mí y por aquellos que no tienen voz y que necesitan ser escuchados.

Regresé con muchas ideas y las puerta se me seguían abriendo. Estuve en dos distintos trabajos, de nuevo como defensora de los derechos de personas con discapacidad. Sin embargo, tenía el anhelo de replicar lo que había vivido en Polonia aquí en Guatemala. Después de varios intentos, el Ministerio de Cultura me dio su apoyo, conseguí patrocinadores y voluntarios y organizamos un evento de belleza en dos meses. Se inscribieron 22 chicas, tuvimos que seleccionar a 12 por cuestiones de espacio y la experiencia fue algo increíble.

Mas allá de la belleza, el certamen es importante para romper el paradigma de que las mujeres con discapacidad no pueden hacer muchas cosas.

Una vida digna para las personas con discapacidad 

La lucha para una persona con discapacidad es diaria. Cada día es un reto nuevo, es una lucha que se vive siempre. Hoy me siento agradecida con Dios porque si no me hubiera accidentado no hubiera logrado lo que he logrado hasta hoy.

Sigo teniendo metas, quiero llegar a hacer algo grande, en donde pueda influir a nivel internacional. Quiero trabajar para la Organización de las Naciones Unidas o Organización de Estados Americanos. Me gustaría seguir estudiando. También me gustaría casarme, tener una familia y sobre todo, seguir luchando por los derechos de las personas con discapacidad.


Tras un accidente, Pahola Solano se convirtió en una persona con discapacidad. Su fuerza y amor por la vida la llevaron a luchar y llegar a representar a Guatemala en el primer certamen de belleza para mujeres en silla de ruedas del mundo. Su historia nos inspira a sacar lo mejor lección de cualquier circunstancia. Puedes seguirla en sus redes sociales AQUÍ. 

Una respuesta a “Soy una reina de belleza en silla de ruedas”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *