Cáncer, una vida y la marca Torojil

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En todo este tiempo he aprendido a hablar de mis emociones y a ser más valiente. He aprendido que cuando lo hacemos de una manera honesta y transparente se generan vínculos fuertes con otras personas que muchas veces no conoces. He visto que otras personas han podido identificarse con mi historia de cáncer y la muerte de mi mamá. Sin embargo, a la que más le ha servido contar su historia es a mí, porque ha sido mi terapia. Mientras más lo hablo más puedo encontrar paz y por eso les cuento mi historia, para seguirme ayudando y para ayudar a otros.

Yo era una persona que vivía metida en su rutina. Buscaba ser reconocida profesionalmente, me enfocaba mucho en mi trabajo y aunque mi vida era muy buena, creo que necesitaba un despertar. Aunque el diseño es algo que me encanta, en esos momentos me sentía abrumada y sin pasión por lo que estaba haciendo.

Un despertar inesperado: el cáncer

Mi cáncer fue bastante silencioso porque no tuve ningún tipo de síntoma tradicional. Me dolía mucho el cuello, descubrí una masa pequeña y mi esposo me dijo que fuéramos con el doctor. Estuve cuatro meses haciéndome muchos exámenes y sin tener un diagnóstico.

Cuando por fin me lo dieron estaba con mi familia. El doctor me lo dijo con muchas palabras técnicas y yo no entendía nada. Mi mamá al contrario sí había comprendido y al salir de la clínica me confirmó que era cáncer. No reaccioné mal,  solo pensaba en todo lo que tenía que hacer; tal ves fue un mecanismo de defensa.

El día que me dieron la noticia fue un 24 de diciembre.  Ahora lo puedo ver como mi regalo, porque lo que hizo el cáncer fue despertarme y motivarme a dejar la vida tan acomodada que tenía.”

El 5 de enero de 2016, cumpleaños de mi mamá, recibí mi primera quimioterapia y allí nació mi deseo por escribir lo que estaba viviendo. Quería plasmar todo sobre el proceso del cáncer. Escribirlo me ayudó a ser muy honesta conmigo misma y a conectar con otras personas. Quería que lo que estuviera pasando no fuera en vano si no que ayudará a alguien más y busqué varios espacios para publicar mi historia. 

Mientras me encontraba en el proceso de quimioterapias me di cuenta que no me estaba gustando lo que hacía como diseñadora, eso me llevó a buscar cambios. Allí nació Torojil, una marca de productos de decoración y diseño en donde el elemento principal de inspiración es la creatividad que se encuentra en las calles de Guatemala.

 

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Terminé las quimioterapias en junio de 2016, logré vencer el cáncer y hasta hoy sigo en remisión y continúo con chequeos.  Hice cambios en mi vida de forma emocional y esto me ayudó a  soltar y a desprenderme de ciertas cosas, a dejar el orgullo, a ser más positiva  y menos acomodada, todos estos cambios los hice a raíz del cáncer.

Siempre que estoy en el día a día y tengo mucho que hacer recuerdo cuando estaba en las quimioterapias y digo: debo poner en prioridad lo que en verdad es prioridad.”

Al terminar el tratamiento me dijeron que había quedado infertil, que no había certeza si iba a poder tener más hijos, pero meses después quedé embarazada de mi tercera hija. Aunque parecía algo imposible, no sabía cómo sentirme y la segunda persona a la que le conté todo y a quien acudí para un consejo fue a mi mamá.

Otro golpe: el asesinato de mi mamá

En el 2017 mi mamá se iba a un viaje y pasó al banco a retirar unos dólares. Al salir del banco la siguieron, la intersectaron, le tocaron la ventana del carro y le dispararon. Mi mamá murió en el momento. 

Fui la primera en enterarse de la familia y no podía creer lo que estaba pasando, creí que era un sueño y que al día siguiente nos iban a despertar. Le conté a mis hermanas, quienes llegaron a mi casa porque en ese entonces yo tenía 8 meses de embarazo. Fue un momento muy duro, mi mamá fue mamá-papá. Mi papá se fue cuando teníamos 9 años y ella se esforzó por darnos educación a cuatro hijas, por sacarnos adelante.

Su muerte significó mucho dolor para mí, sentí cómo mi corazón se apretaba. Perdí la fe en todo y me atormentaba saber que no había podido despedirla. Toqué fondo ¿cómo Dios me había hecho superar un cáncer para luego quitarme a mi mamá?

Dos semanas después, nació mi tercera hija. Esto me dio nuevas fuerzas. Logré utilizar mi creatividad para salir adelante. Reconocer que lo que pasó, pasó y que no puedes hacer nada para cambiarlo, es cuando todo empieza a fluir. Sin prisas, sin presiones, me tomé el tiempo que necesité para aceptarlo. Cuando se fluye, aún en la adversidad, todo se transforma.

Conforme pasó el tiempo fui conectando los puntos y entendí que nuestra despedida fueron los meses en que yo estuve con cáncer y quimioterapias. Cuando atravesamos esa situación, existió mucha unión y comunicación entre nosotras.

El cáncer me ayudó a aceptar la muerte de mi mamá con otros ojos y a ver mi vida de otra manera. 

Con el tiempo, la muerte de mi mamá  me ha ayudado a entender que cuando uno es madre o padre uno tiene que saber que llega el momento en el que debes soltar a tus hijos. Aprendí que las madres solo son el medio para que esas personas vengan al mundo a hacer su propio camino, a seguir su pasión y vocación. Así vi la relación con mi mamá y así la veo con mis hijos.

Ahora me siento feliz. Saber que sí pude, saber que no era el fin del mundo en ninguna de estas dos situaciones y verlas a ambas como motores de transformación personal, me hacen sentir orgullosa y comprometida con la vida. Las experiencias de mi vida me han enseñado que el mundo no tiene un ritmo, el ritmo se lo pones tú al mundo. 

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