Un chapín en Corea del Norte

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Arirang, canción que cuenta una historia de amor, lucha y tristeza y que hoy en día es considerada el himno de facto de la unificación de la península coreana, es una canción que quedó para siempre en mi memoria ya que fue la canción con la que fui recibido en Pyongyang, Corea del Norte (RPDC) y canción con la que también le dije adiós a este interesante país.

El nacimiento de un sueño

Todo comenzó hace varios años, cuando mi interés por visitar RPDC cobraba auge. En el 2011, un amigo cercano a mi familia fue nombrado embajador de Alemania en RPDC y al oír sus historias de aventura, mi interés por visitar la tierra de los Kim creció aún más.

Thomas, el amigo de la familia me trajo de regalo unos sellos postales y mientras yo apreciaba mi regalo, imaginaba como sería el día que visitaría tan interesante, criticada e importante tierra. Fue así como mi búsqueda por los famosos tours privados a ese país comenzó y no me di por vencido hasta lograrlo.

El sueño hecho realidad

Pasaron casi siete años, hasta que tuve la oportunidad de hacer real ese sueño.  Desde enero de 2018 comencé los trámites e investigación del tour y fue en junio que finalmente un chapin entró como turista a la República Popular Democrática de Corea, y aquí, comienza la experiencia que marcó mi vida, para siempre.

La sala de espera en el aeropuerto de Beijing estaba llena de sentimientos. Había coreanos partidarios del gobierno que se identificaban por el pin rojo que todos deben de portar si eres norcoreano, diplomáticos que viven en Pyongyang y estábamos nosotros: un grupo de 12 turistas que teníamos a loca idea de visitar el país más hermético y menos “turístico” del mundo.

En el aeropuerto no solo le decíamos adiós a Beijing, si no a nuestros familiares, ya que sería la última vez que tendríamos acceso a Internet hasta nuestro regreso a China. No voy a mentir, tenía un poco de ansiedad y nervios por saber que me esperaba.

Recuerdo que hablé con mi mamá y un poco preocupada me dijo “Jose, ¿estás seguro? aún te puedes arrepentir”, a lo que contesté “Mamá, todo va a estar bien, va a estar genial, nos hablamos en unos días”.

Los oficiales fueron muy amables, nos pedían que declaráramos si llevábamos aparatos electrónicos como computadoras, celulares o libros. Esto debido a que no es permitido ningún tipo de literatura o documentos en los cuales se hable de Corea del Sur o se critique al régimen de la familia KimDespués de esto, nuestros guías nos esperaban frente a un bus. 

La aventura de Corea del Norte

Debido a toda la propaganda y la mucha desinformación que hay, se crean ideas y paradigmas que son muy difíciles de romper. A primera vista, es una ciudad construida al estilo comunista ruso. Hay avenidas y calles de hasta cinco carriles por cada lado, edificios grandes, cuadrados, grises con cientos de ventanas, plano. Sin embargo, a medida que nos íbamos adentrando en el centro de la ciudad, los edificios empezaban a tener una arquitectura más “moderna” incluso futurística y con colores pastel muy variados.

La primera parada, la plaza Kim-Il Sung, una de las plazas más grandes del mundo y la más importante de RPDC, nombrada en honor al fundador del país y abuelo del actual Jefe Supremo Kim Jong-Un.

Fue interesante saber que esta no solo es para desfiles del ejército, sino también desfiles de bailes folclóricos, competencias de bailes y gimnasia de los diferentes colegios y presentaciones culturales.

Luego caminamos por las calles del centro de Pyonyang, por las avenidas principales hasta llegar a nuestro restaurante para cenar, en donde probamos comida típica coreana; en el fondo un grupo de cantantes coreanas cantaban Arirang entre otras canciones ¡Todo parecía surreal!

La mañana siguiente salimos rumbo a la frontera con Corea del Sur, la zona desmilitarizada, que a pesar del nombre, es una de las fronteras con mayor presencia del ejército del mundo.

La carretera estaba en excelente estado y, por momentos, creo que éramos los únicos que la estábamos usando. Llegamos y nos dieron instrucciones de no tomar fotografías de los soldados sin autorización previa de nuestros guías. La zona es muy rural, con granjas y casas de coreanos separados durante la guerra.

Visitamos algunas casas y escuelas y pudimos ver, de primera mano, como era vivir bajo el régimen de los Kim”.

Todos es más equitativo para todos. Viven con lo básico, sin tener conocimiento que hay un mundo más allá de sus fronteras y con la idea de que ellos son la nación más desarrollado y poderosa del mundo. Los niños de las escuelas eran muy educados y se desarrollaban muy bien en el arte y el deporte. Se notó su desciplina y organización en todo, por eso entiendo que a Corea del Norte le va muy bien en las Olimpiadas.

Los siguientes días fuimos a varios museos y lugares importantes con monumentos como el Museo Nacional de Regalos, el cual alberga todos los regalos que la familia Kim ha recibido de diferentes países, entre otros sitios que me dejaron completamente impresionado. Luego caminamos por Pyongyang nuevamente, por su plaza de las fuentes que nos lleva a una de los monumentos más importantes: Mansuade, las estatuas gigantes de bronce del primer presidente y su hijo.

Realmente mi experiencia en Corea del Norte, fue algo que tardaría semanas en contar, fue una experiencia en la que el tiempo se detuvo, regresé al pasado, dudé de cada cosa que vi y me sorprendí de muchas otras. Es realmente un país muy interesante, que vale la pena visitar.

La última noche, cenamos todos la famosa Korean BBQ, y juntos, cantamos Arirang.


Jose Bassila, es un guatemalteco con muchas ideas que buscan transformar realidades. Es abogado, Global Shaper y apoya a movimientos para la inclusión de la comunidad LGBTI. Puedes seguirlo en su cuenta de Instagram y acompañarlo en sus viajes por el mundo.

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