Un tumor, una prótesis y un milagro

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Todo comenzó en diciembre de 2017. Tenía una pequeña molestia en mi pierna derecha y un doctor me dijo que era un desgarre muscular, así lo empecé a tratar. Al pasar los días el dolor era mucho más fuerte. Para febrero del siguiente año llegué al punto de ya no poder caminar debido al dolor que sentía.

En abril de 2018  fui con el traumatólogo y, tras varios exámenes , me diagnosticaron con quiste óseo y necrosis avascular de la cabeza femoral derecha. Fue la peor noticia que mi familia y yo pudimos recibir.

El tumor era muy grande y había perdido mucho hueso por lo que la única opción era una artroplastia total de cadera derecha, otra noticia desgarradora ya que significaba  perder una parte de mi cuerpo.  Económicamente era un gasto muy fuerte y nos preocupaba cómo íbamos a cubrir un gasto tan grande.

Mi actitud al principio fue de enojo y mucha tristeza. Luego, nos pusimos a orar con mi familia y pedimos paz. Me aferré tanto a Dios, que no tuve miedo, siempre me mantuve positiva y feliz, sabia que él haría algo especial en mí y que sería testimonio de vida. Eso me ayudó mucho a no decaer.

Un día el doctor me escribió, me dijo que llegará a la clínica. Fui con mi mamá y allí me tenia una sorpresa.  Me comentó que había hablado de mi caso con un grupo de personas y que ellos habían decidido donarme la prótesis y que los doctores no me iban cobrar honorarios.

Nos quedamos sorprendidas. Creo que nos tomó un par de segundos asimilar la noticia y luego, comenzamos a llorar.

El 11 de mayo tuve mi primera cirugía en la cual me hicieron una biopsia que salió benigna. Luego,  el 8 de junio me hicieron la segunda cirugía, en ella, me retiraron el hueso y me pusieron la prótesis.

La recuperación ha sido difícil y dolorosa. Sin embargo, mis papas Rodolfo y Aura, y mis hermanas, Andrea y Karla, fueron mi mayor apoyo. Ellos me ayudaron a caminar, a vestirme, bañarme,  y a hacerme mis curaciones; incluso, me iban a dejar a las terapias, en  donde aprendí a caminar de forma correcta, ya que mi pierna ahora es 2 cms. más larga.

Después de la operación, creo que mi mayor obstáculo ha sido recuperar mi confianza, sentirme cómoda al caminar, al ver mi cuerpo marcado y aceptar que tengo que caminar con ayuda de una plantilla para no cojear.

He aprendido que Dios tiene un plan perfecto para mi vida. Me llevó a los lugares indicados para conocer a las personas indicadas.”

Aprendí a valorar más mi vida,  a ser más fuerte, a saber que no estoy sola,  aprendí a vivir con fe. La vida te puede cambiar de un día para otro pero esta en uno decidir cómo la vas a afrontar. Antes no me preocupaba por el ejercicio, ahora tengo que hacerlo por salud. Jamás me llamó la atención correr y ahora que me recupere y pueda hacerlo, quiero inscribirme a una carrera y así sentir que la prótesis no es un impedimento. 

El camino ha sido difícil y aún no estoy al 100% pero, sin duda, de la mano de Dios ha sido más fácil. Si confiamos en él podemos superar cualquier situación.


Puedes seguir a Gabriela en su Instagram, donde no solo podrás conocer más sobre su recuperación, sino que te hará agua la boca con los postres que prepara y vende.

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