William Julajuj, desde Sololá hasta Europa

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Ser un atleta no es nada fácil. Se necesita un buen rendimiento físico y un gran equilibrio emocional para vivir con personas que comentan que del deporte no se vive o que los deportistas son unos vagos. Sin embargo, he logrado demostrar que todo eso no es cierto.

Lo que yo quería, no era para mí

Mi padre era entrenador de ciclismo y a mí desde pequeño me gustaba ese deporte. Al crecer comencé a entrenar con mi papá, sabía que él me iba a preparar muy bien para ganar competencias, pero el destino tenía algo distinto para mí.

Una de las pruebas que mi papá tenía para comprobar que alguien tenía potencial en el ciclismo era hacer 25 minutos en bicicleta desde el municipio de Panajachel hasta Sololá, sin duda, ¡tenía que hacerla!

Tras prepararme por un tiempo, logré hacer la prueba en 28 minutos, algo que para mí era un excelente tiempo. Cuando corrí a decirle a mi papá, me dijo que no iba a lograr nada en el ciclismo, un deporte que, además, para nosotros era muy caro.

Correr llegó a mi vida y se quedó para siempre

Opté por seguir en el deporte, pero en otra rama; así que comencé a correr el 2 de septiembre de 2007 y 13 días después gané mi primera competencia en la aldea Xacaxaca, Sololá. Con el tiempo me comenzó a gustar mucho correr y me di cuenta que era bueno porque a cada competencia que iba, ganaba.

Entrenaba en mi casa de dos a tres veces al día, en total, hacía de 18 a 22 kilómetros diarios. Cuando sabía que iba a tener una competencia no comía carne desde una semana antes, porque no quería que saliera ninguna sustancia en las pruebas de antidopaje.

Por cuatro años me dediqué a entrenar y competir, hasta que en 2011 una enfermedad me alejó del deporte”.

Regresé a correr en 2014 pero me rendimiento había bajado bastante, así que comencé a entrenar de nuevo y me esforcé por recuperar el nivel que tenía. Un año después, mi papá me dijo que fuéramos a la 21k de la ciudad de Guatemala y, sin pensarlo, le dije que sí. Él, muy motivado y emocionado, se encargó de inscribirme, de ir por mi número y buscar un hotel.

El día de la carrera vi a muchos corredores conocidos que eran los preferidos para ganar la carrera, ellos tenían patrocinio y personas que los apoyaban. En mi caso, solo eramos mi papá y yo, ambos mentalizados en que yo estaba lo suficientemente preparado para ganar la carrera y así fue.

No le tuve miedo a los dos favoritos, yo sabía que iba para ganar”.

Dejar todo por un sueño no es fácil

Al ganar la competencia, me contactaron representantes de la federación, les dejé mi número y 15 días después me consiguieron patrocinadores por 2 años.  Durante ese tiempo seguía entrenando fuerte. Ganaba cada carrera en la que competía, incluyendo la carrera San Silvestre y los 21k de Cobán.

Un día me hablo el entrenador Carlos Trejo, del equipo Caña Real. Me dijo que yo podía llegar muy lejos representando a Guatemala y me invitó a ser parte del equipo, la única condición era que yo me fuera a vivir a la ciudad de Guatemala.

Unos de mis grandes sueños siempre fue representar a mi país”.

Al recibir esa oferta sabía que era una gran oportunidad, pero también sabía que significaba dejar a mi familia, a mis amigos y mi hogar. Después de pensarlo, tomé la decisión de irme a vivir a la ciudad y allí comenzó otro nuevo reto: vivir solo y perseguir mis sueños.

Tras entrenar y dedicarme completamente, mi entrenador me dijo que debía probar competir en mi primera maratón. ¡Estaba ansioso por hacerla!

Siempre ir más allá, ese es el camino hacía el éxito

Un maratón consta de 42 kilómetros y ya varias personas me habían dicho que en el kilómetro 35 uno comienza a arrepentirse de todos sus pecados y para mi suerte o no, así fue.

Cuando me encontraba compitiendo solo pensaba en terminar la carrera, no sentía ni los brazos ni las piernas. Llevaba en la mente un tiempo, pero estaba tan agotado que no me importó, solo la terminé.  Aun así, logré clasificar a los Juegos Centroamericanos y del Caribe que se celebraron en Barranquilla, Colombia.

Al llegar a esos juegos, pude ganar la medalla de bronce y me sentí feliz y satisfecho al representar no solo a mis patrocinadores, si no a cada guatemalteco.

Para mí, ¿qué significa correr?

Para mí, correr significa dejar lo mejor. Significa disfrutar la oportunidad  y estar satisfecho de mi esfuerzo, de mis logros y hasta de mis fracasos. Porque aún cuando uno falla, debe salir adelante por las personas que ama.

El desgaste físico para un atleta es fuerte, sin embargo, siempre debemos tener un balance emocional, más cuando nos encontramos a personas que dicen que un deportista no hace nada o que no aporta nada. Sin embargo, si es su sueño, deben hacer lo posible por cumplirlo.

En ocasiones, uno quiere rendirse y dejar todo, pero recuerdo el apoyo que siempre me ha dado mis papás, mi familia, mis patrocionadores, mis amigos y las personas que confían en mí.

Tengo fe en que hay muchos jóvenes talentoso en este deporte, por eso, más adelante me gustaría trasladarles lo mucho o poco que se.

Un consejo desde el corazón

Ahora que veo hacía atrás me doy cuenta que todo ha valido la pena. Este deporte me ha permitido conocer países como El Salvador, Honduras, Holanda, Colombia y España, algo que nunca imaginé.

El secreto esta en seguir adelante sin importar lo que digan los demás porque si es su sueño ustedes deben luchar hasta hacerlo realidad.

Mi sueño es competir en los juegos olímpicos y estoy entrenando fuerte, buscando oportunidades y dando lo mejor de mí en cada momento para lograrlo. Desde muy dentro, les deseo que tengan una voluntad muy fuerte para seguir sus sueños.


William Julajuj Solares nació en la aldea El Tablón, Sololá. En su juventud descubrió su talento para el atletismo y su perseverancia y pasión lo han llevado a ganar competencias a nivel internacional. Próximamente William regresará a Europa para seguir luchando por su puesto en los Juegos Olímpicos. Si quieres saber más de él, puedes seguirlo en sus redes sociales dando clic aquí.

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